No es extraño que la vida de Anne Lister (1791-1840) nos siga resultando fascinante a día de hoy. En una época en la que los roles sociales todavía estaban claramente delimitados, Lister fue terrateniente, escritora, alpinista, viajera y, en resumen, una mujer que se atrevió a romper todos los convencionalismos de la sociedad británica del siglo XIX para hacer lo que le vino en gana con su vida.

Después de pasar una época viajando por toda Europa, Anne, que fue junto a su hermana Marian la única superviviente de cinco hermanos, regresó a casa con la intención de reformar la vieja finca familiar, Shibden Hall (en Halifax, Yorkshire), revitalizar las minas de carbón propiedad de su familia y casarse. Pero no planeaba contraer matrimonio con un hombre, sino con una mujer. Finalmente lo hizo, aunque sin reconocimiento legal, con la heredera Ann Walker. Conocida como la «primera lesbiana moderna» de Gran Bretaña, Lister también desafió toda convención relacionada con la sexualidad y las apariencias: vestía de negro de pies a cabeza con ropas de hombre, adoptaba maneras masculinas y no tenía reparos en ocultar sus relaciones con mujeres de la alta sociedad, alardeando de su poder de seducción y de su estilo de vida abiertamente lésbico hasta el punto de ser apodada Gentleman Jack.

La pareja vivió en Shibden Hall hasta la muerte de Lister en 1840. La fortuna de Walker se usó para mejorar la finca, los jardines y el lago aledaños. Agregaron una torre gótica a la casa principal que utilizaban como biblioteca privada y también construyeron un túnel subterráneo que permitía a los criados moverse sin molestarlas.

Pero por encima de todo, Anne Lister era escritora. Durante toda su vida, desde su adolescencia hasta su muerte, escribió numerosos diarios en los que recopilaba anécdotas o experiencias de su día a día y describía al detalle todas sus andanzas, incluyendo sus conquistas amorosas y sus técnicas de seducción, reflexiones sobre su condición sexual, sus preocupaciones financieras, sus actividades industriales o su trabajo en Shibden Hall. Pero no solo se centró en su vida privada; los diarios también proporcionan información detallada sobre los acontecimientos sociales, políticos y económicos de la época.

Sus escritos se componen de más de cuatro millones de palabras y lo curioso de los mismos es que alrededor de una sexta parte (aquella relativa a los detalles íntimos de sus relaciones románticas y sexuales) estaba cifrada. El complejo código que utilizó, derivado de una combinación de álgebra y griego antiguo, símbolos matemáticos y signos de puntuación y zodiacales, no fue descifrado hasta la década de 1980, y quien lo consiguió fue el último habitante de Shibden Hall, John Lister, junto a su amigo Arthur Burrell. Cuando se reveló el contenido de los pasajes secretos, Burrell aconsejó a John Lister que quemara todos los diarios, pero (por fortuna) este no siguió la advertencia sino que se limitó a ocultar los diarios de Anne Lister detrás de un panel en Shibden Hall.

En 2011, los diarios de Lister se agregaron al registro del Programa Memoria del Mundo de la UNESCO, una iniciativa destinada a preservar el patrimonio documental del mundo (albergado en bibliotecas, archivos y museos) como símbolo de la memoria colectiva de la humanidad. Sobre los diarios de Anne Lister, el registro señala que, además de ser un valioso retrato de los tiempos de la autora, constituyen el «relato exhaustivo y dolorosamente honesto de la vida de las lesbianas y las reflexiones sobre su naturaleza, lo que ha hecho que estos diarios sean únicos».

Traducidos por primera vez a nuestro idioma, los diarios de Anne Lister no solo han moldeado y siguen configurando la dirección de los estudios de género del Reino Unido y el resto del mundo; asimismo son una expresión de dignidad, una autoproclamación de la identidad y una reivindicación de la libertad todavía necesaria a día de hoy.

 

(Publicación en marzo de 2019, traducción de Carmen Álvarez)