LA PUTA FOTO – Ana Pellicer

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Se paga con la muerte
o con la vida,
pero se paga siempre una derrota
Ángel González

 

Dos poetas famosos sonríen a la cámara, epatantes, ante la tumba de Antonio Machado en Colliure. Es el turismo progre-oportunista que en esta ocasión ella no mira de lejos y con cierto desprecio irónico, sino que se le clava en el corazón.

No buscó esa foto ni ese encuentro virtual, simplemente aparecieron. Sabe bien que corre riesgos en esta realidad múltiple y líquida.

El depredador posa sonriente frente al símbolo de todo aquello que no es. Se encara, retador, frente a la honestidad de quien murió ligero de equipaje. Incluye esa tumba en su circuito mediático de las reivindicaciones manoseadas y falsas. Es esta la conversión perversa de los símbolos que originalmente fueron nobles. Ahí está él, en Colliure, transformando el santuario en parque de atracciones trágico. Colliure como souvenir. Todo es obsceno, claro, pero lo retuitean con fervor sus devotos seguidores.

Esa noche, una cualquiera, se ha abierto su particular caja de los truenos mientras miraba twitter con desgana y sin mucha atención. De pronto, aparece todo su dolor de golpe y golpeando. Llegan los fotogramas escondidos del pasado y se ve en un colchón tirada en el suelo del estudio con su bebé recién nacido porque molestaban en el cuarto matrimonial y en la cama oficial. Se ve despreciada y ridiculizada por sus restos de sangre, por su barriga de recién parida, por la leche que chorrea a todas horas de unas tetas gigantes. Sucia, le decía, dejas todo manchado, le decía, qué asco, le decía. Vuelve también esa sensación de dolor perpetuo y de angustia punzante (en la vigilia la sentía por estar despierta, al acostarse, por el miedo a no poder conciliar el sueño y por la certeza de que llegarían los insomnios que le parecen infinitos). Regresa a su cuerpo ese miedo físico que paraliza y cuya sensación creía haber taponado. Ese cuerpo suyo que fue un escenario y también un campo de batalla. Ese cuerpo que parece la deconstrucción de todo lo esperado. Así que todas esas sensaciones vuelven de manera inesperada ante el fogonazo de una foto y el malestar de un día sencillo pero regado de malos humores que parecían anunciar la debacle.

Algún botón se ha pulsado dentro de ella. Algún espacio que permanecía escondido pero estaba vivito y coleando porque ha sobrevivido a las terapias, a los nuevos amores, a la vida cotidiana obligatoria. La puta foto que lo activa todo y que hace volver todos los recuerdos como un torrente ácido que provoca daño físico y taquicardia.

Se toma la tensión, entre neurótica e hipocondriaca, y está bien. Ese cuerpo está sano según las reglas científicas de medición, se dice. Respira, estira los músculos, túmbate en la cama, deja hablar al cuerpo, no lo calles, déjate llevar, esta vez sí, porque no importa que te oigan, llora sin parar como a arcadas —llorar a arcadas, eso se puede, es lo contrario de llorar bajito y seguido—, déjate llevar, vomita todo el llanto como en un cataclismo, no sientas vergüenza de lo irracional o inoportuno o absurdo de este llanto, déjate llevar y abandona la pésima costumbre de pedir disculpas siempre. Todo esto se dice y se habla a sí misma con calma y con firmeza. Porque recordar el dolor también protege. Porque necesitamos entender el daño y reconocer el miedo.

Y sí, quiere recrearse un buen rato en esa puta foto que lo encierra todo: el deslumbramiento, la seducción por la palabra, la sensibilidad máxima de un buen poeta y luego el abandono, la chulería, el desprecio y también su intento de ser fuerte tal y como los cánones entienden la fortaleza, de sobreponerse siempre con una sonrisa. Se propone empezar de nuevo una etapa feliz —poner el taxímetro a cero— solo para para que todos la crean feliz, porque de tanto intentarlo sentía serlo a ratos, resemantizando permanentemente palabras y memoria. Y decide cancelar definitivamente esa pesada culpa de haber sembrado tanto miedo y tanta lástima a su alrededor. Esa culpa que ha sorteado convenciendo a todos de que ya no era una preocupación sino una fiesta.

La puta foto es un espejo en el que se mira llena de cicatrices y es también el lugar que ya no quiere habitar pero que la explica muy bien y que confirma quien es y cómo se ha construido.  La puta foto son todas sus marcas.

Pero ya. Ahora sabe que debe exigirse franqueza absoluta. Va a pensar en lo que merece y elije.  Esta vez sí, se deja llevar y seguirá vomitando llanto sin pudores, dueña de su cuerpo y de sus fluidos viscosos, dueña de toda su rabia contra todos los impostores que pisotean la tumba de Machado, hasta que se quede dormida.

EL ENCANTADOR SEÑOR SONRISAS – Guadalupe Eichelbaum

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Fue verlo y sentir que se me removían las células de las entrañas. Me enamoré, así, al primer vistazo, como en las pelis. Cada tarde coincidía con él en la biblioteca. Nos sentábamos en los mismos sitios, parecía que teníamos los asientos reservados, pero no, se daba de manera natural. De ese modo iba a hincar los codos con el aliciente de tenerlo en la mesa de enfrente, en cuanto descansaba la vista de los libros y apuntes, la posaba sobre su hermoso rostro. Era de complexión media, vestía ropa sencilla, tenía el pelo castaño, levemente ondulado, el rostro  rectangular, con la mandíbula prominente y la frente ancha, los ojos grandes, marrones y muy expresivos, pero lo mejor, sin duda, era su sonrisa. Se le dibujaba en los labios a menudo, era franca, grande y luminosa, cada vez que sonreía parecía esparcir alegría a su alrededor. Lo había escuchado charlar con sus amigos cuando hacían descansos y se acercaban a la máquina de café del hall, era el centro de atención sin pretenderlo, lo escuchaban cuando hablaba y se reían de sus bromas. Una vez me habló, yo había introducido una moneda y marcado la tecla correspondiente al café de avellanas con poco azúcar y el maldito aparato no me daba ni el preciado líquido ni el dinero. Ya estaba empezando a propinarle tímidos golpecitos al cacharro cuando apareció él, apretó unos botones y me dijo:

—Es que ya me conozco los trucos para que funcione este trasto. Ahora tienes que volver a seleccionar la bebida. Prueba.

Mientras hablaba hizo gestos como si fuera un mago sacando algo de la chistera y me dedicó una de sus encantadoras sonrisas al acabar.

Tecleé de nuevo para pedir el café de avellanas. Podría haber aprovechado para decirle algo, cualquier cosa que pudiera servir para entablar conversación pero me había quedado en blanco.

Cuando apareció el vaso y comenzó a caer el café en su interior, él lo señaló con la mano y exclamó:

—¡Tachán! Si te vuelve a pasar, no tienes más que decírmelo.

—¡Muchísimas gracias! Me has salvado la vida, no podría seguir estudiando sin mi dosis de cafeína.

—Así estamos todos.

Y se marchó mientras yo le reiteraba mi agradecimiento como si él fuera Superman y yo Lois Lane, pero después deseché esa comparación porque Lois Lane siempre me ha parecido un poco el estereotipo de mujer histérica y Superman un relamido, ya se me ocurriría una comparación mejor.

Mis amigas y amigos solían reírse de mí, lo expresaban con afirmaciones bastante contundentes como «Tíratelo o pasa de él» parecía ser la preferida, que evolucionó a la siguiente: «Tírate a otro y olvídate del Señor Sonrisas». Yo soportaba estoicamente las SCSS, como las llamaba, esto es las Sesiones de Criticar al Señor Sonrisas, que eran muy frecuentes. Pablo comenzaba diciendo «El muchacho sonríe, eso no te lo discute nadie, incluso parece simpático, pero tampoco es para tanto», y seguía Rubén «Sonríe demasiado, a mí me da grima», entonces se incorporaba Sonia «Lo mejor que tiene es que sabe apañárselas con la máquina de café de la biblioteca», y así sucesivamente. Pero yo no podía evitarlo, era verlo y sentir todo lo que se pueda sentir en el estómago cuando se está colado por alguien. Si se ausentaba una tarde lo echaba de menos como si me faltara algo. Y buscaba excusas para acercarme a él, lo malo es que no encontraba ninguna. Hasta hoy. Hoy sucedió el milagro, víspera de fiesta, poca gente en la biblioteca y sitios libres donde no suele haberlos han sido los factores decisivos. Hemos cruzado la mirada y él ha señalado la silla libre a su lado y me ha dicho:

—Vente.

Y he ido, cómo no. No lograba concentrarme y él tampoco, me ha dicho que si íbamos a la máquina del café a por un café de avellanas y por poco me desmayo de la emoción porque se acordaba de lo que había elegido. Y a partir de ahí la situación ha ido fluyendo como un río de néctar de los dioses, suena exagerado y cursi, pero no encuentro palabras. Hemos charlado, nos hemos reído, ni se nos ha ocurrido volver a nuestros sitios a estudiar y él me ha invitado a cenar a una pizzería cercana a su piso de estudiantes. Durante la velada hemos estado tonteando descaradamente, me ha apartado un mechón de la cara y me lo ha colocado con suavidad detrás de la oreja. Ese simple gesto me ha conmocionado, tanto en el plano emocional como en el sexual, he notado el calor en mi pecho y bastante más abajo.

Hemos subido a su piso porque me ha dicho que sus compañeros no iban a estar y nos hemos besado en el ascensor continuando en el sofá, primero con delicadeza y después apasionadamente.

Le dije que tenía que ir a hacer pis y me incorporé, mareada por el vino y por la excitación. El cuarto de baño olía a lejía de un modo exagerado, creí que me ahogaba mientras me lavaba las manos.

—Oye, os habéis pasado con la limpieza, ¿no?

—¡Ah, eso! Es que uno de mis compañeros de piso era negro, ha dejado el piso y he tenido que desinfectar a fondo, dos botellas de lejía enteras he gastado.

Yo lo miraba sin comprender, debió notarlo porque prosiguió.

—Siempre limpiábamos la bañera después de que él se hubiera duchado, ya sabes, nos daba impresión, teníamos nuestro papel higiénico y el gel aparte.

Sonrió al acabar, pero la expresión de mi rostro debió ser suficientemente clara porque comenzó a intentar justificarse:

—Yo no soy racista, a mí no me importa verlos por la calle, pero vivir con uno…, eso es diferente.

Cogí mi bolso, que había dejado sobre la mesa al llegar.

—Lo siento, pero me marcho. –le dije. Pero al llegar a la puerta me di la vuelta y agregué:

—No lo siento, y, para tu información, eres racista.

 

AMANTE VORAZ – Rakel Ugarriza

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Está ante mí, en mi propia habitación, y apenas puedo creerlo. Es ella, la mujer de mis sueños. No, qué va, es mucho mejor que la mujer que hasta ahora ha protagonizado todas mis fantasías. Y no es que sea grande, es que es enorme, inmensa, más aún, es mastodóntica.

Baila para mí, le digo, y ella se contonea de forma torpe haciendo temblar el suelo. El suave bamboleo de sus carnes me mantiene hipnotizado frente a ella. Permanezco unos minutos más sentado en la butaca, disfrutando de un espectáculo que me gustaría que durara hasta el amanecer. Mejor todavía, que no acabara nunca. Ella sonríe mientras me muestra su cuerpo desnudo sin ningún pudor. Gira sobre sí misma y se deja caer encima de la cama. Por un instante temo que el viejo mueble no aguante su peso, pero lo hace, no sin antes quejarse con un estremecedor crujido.

Mi diosa yace sobre la cama y yo la tengo como el mástil de un barco, como un ariete vikingo, como un misil a punto de explotar. Me levanto y me dirijo hacia la cama. El espejo del armario me devuelve una imagen un tanto ridícula: un hombre enclenque, flaco y desgarbado empuñando, eso sí, un más que honroso sable.

Mi reina espera impaciente. Escalo su cuerpo y me tumbo sobre ella. Mi cabeza permanece enterrada entre sus pechos y pienso que no me importaría morir asfixiado entre ellos. Sería una muerte tan dulce. Me dejo envolver por su olor a gel de baño, a crema, a perfume y a sudor. Su piel es suave como la de un melocotón, incluso tiene la misma pelusa en los brazos, en el vientre y sobre el labio. La recorro con mis manos, incapaces de abarcarla todo lo que yo quisiera, mientras ella deja escapar intensos gemidos.

Me gusta, susurra, y yo intento imaginar cosas horribles, terribles tragedias, pienso en recibos impagados, me esfuerzo en visualizar mujeres delgadas con las costillas sobresaliendo de su piel… Pero todo es en balde. Como un quinceañero, como un vulgar principiante, me dejo ir sobre su cuerpo. No me atrevo a mirarla a la cara, no quiero ver la decepción en sus ojos, de manera que repto hacia abajo y buceo entre sus piernas.

Lamer, chupar, sorber, libar, succionar, me repito mentalmente como un mantra, mientras siento cómo su cuerpo se retuerce.

Lamer, chupar, sorber, libar, succionar, y sus gemidos van aumentando al mismo ritmo que lo hacen mis lametones.

Lamer, chupar, sorb… y mi cabeza queda atrapada entre sus muslos.

Puedo sentir la tibieza de su carne, la humedad que se escapa de su sexo, y es entonces cuando me dejo atraer por ese mar de placer que aguarda dentro de ella. Cojo aire y me sumerjo, muy despacio, mientras la enorme mujer comienza a gritar de placer. Con cada contracción de su pelvis avanzo un poco más a través de ese cálido pasillo hasta que, algo o alguien desde su interior y de un brusco tirón, me saca de mi éxtasis.

—Bienvenido, amigo —me saluda un señor de enorme bigote enfundado en un albornoz—. Póngase cómodo, enseguida le presento al resto.

Al fondo, una señora en bata y un joven en pijama de cuadros me saludan con una desbordante alegría.

“La barbarie patriarcal”, de Victoria Sendón de León

En tiempos en los que el feminismo destaca como lucha social junto con el ecologismo, Victoria Sendón nos propone un viaje holístico e interdisciplinar por todas las capas de nuestra sociedad, desde la corteza hasta el núcleo, para desenmarañar las redes de un sistema patriarcal que nos agota, como mujeres y como ciudadanas. La barbarie patriarcal, resultado de una larga trayectoria intelectual y ensayística, concibe el patriarcado como un sistema fractal que abarca todos los campos sociales, además de marcar la psicología profunda tanto de mujeres como de varones. El patriarcado constituye nuestra civilización de referencia, así como un estado de barbarie del que comprendemos su carácter letal al mirarlo de cerca. Frente a él, el feminismo ya no puede limitarse a ser un combate contra el machismo, un mero síntoma; ni la igualdad la meta a conseguir, ya que solo es un punto de partida, pero no de llegada.

 

Victoria Sendón de León es doctora en Filosofía y escritora feminista de largo recorrido. Inició su carrera con la obra Sobre diosas, amazonas y vestales, situada en las tendencias del feminismo radical. Con Más allá de Ítaca y Marcar las diferencias se define como feminista de la  diferencia, en la línea de Carla Lonzi y de Luce Irigaray. Será en su ensayo Feminismo holístico cuando presente el feminismo como una lucha propia frente al sistema global patriarcal, asentando su teoría política en Matria: el horizonte de lo posible. Otras obras de la autora son La España herética, Agenda pagana, Mujeres en la era global y La diferencia creativa.

“Maldito Boccherini”, de Yolanda González

Estar dentro de una fortaleza de cristal y darse cuenta de que los muros empiezan a resquebrajarse. Ser conscientes durante unos segundos, sentir la fragilidad provocada por la sacudida y seguir bailando. O empezar a bailar para espantar el miedo, para negar la insoportable sensación de vulnerabilidad.

Los relatos que componen este libro giran en torno a esa sensación con el mismo ritmo recurrente de un minué de Boccherini. Los personajes saltan de una historia a otra, se cruzan, se rozan, se iluminan, se apoyan para no caerse. Bailan mientras las bombas de largo alcance —el terrorismo, la inmigración, la crisis económica…— escapan de las pantallas y empiezan a explotar dentro de los muros, a tan solo unos metros. Bailan mientras los dramas personales —el abandono, el desamor, la muerte de los amigos, …— les golpean en la línea de flotación, sin hundirles.

Bailamos y sonreímos. Como si no fuera verdad.

Yolanda González (Mérida, 1965), licenciada en Filología Árabe, colaboró como crítica literaria en el suplemento Libros del diario El País a finales de los años ochenta y trabajó en la Escuela de Letras como profesora de interpretación y creación literaria. Su novela Las llamas tiemblan (Algaida, 2002) fue ganadora del Premio Café Gijón. Su última novela Punto Cero (Carpe Noctem, 2017) recibió el Premio Internacional de novela Ciudad de Torremolinos. Ha publicado, además, las novelas Lejos (Espasa), Las dunas azules (Espasa) y la novela infantil Asesinato en Letrópolis (Edebé). Actualmente investiga sobre la lectura literaria, sus procesos y mutaciones. Vive en Hendaya desde 1998.

“La escalera mágica”, de Pilar González Serrano

Los poemas que aparecen en La escalera mágica son como gotas destiladas de un alma de mujer que a través de su trayectoria vital sintió, observó con ojos ávidos de conocimiento cuanto la rodeaba y se rebeló ante la injusta realidad con la que se castigaba al mundo femenino a mediados del siglo xx. Son, en definitiva, modestas puntatas en las que se respiran los ensueños y aspiraciones de cuantas mujeres, ya «sin sombrero», siguieron avanzando en un duro y constante batallar, tratando de abrirse camino a codazos, pero sin perder el tono de sus íntimas esencias ni el sentido musical de la belleza.

Todos los poemas están acompañados por ilustraciones de Sandra Delgado, que adapta con su particular destreza y estilo el imaginario de la autora.

 

Pilar González Serrano ha sido Profesora Titular de Arqueología de la UCM desde 1958 hasta el 2005. Es autora de varios libros y artículos sobre Arqueología e Iconografía Clásicas, así como sobre el Antiguo Egipto. Además, desde sus primeros años de facultad participó en toda clase de actividades culturales, poéticas y literarias que se organizaron a través del tiempo, tanto en el ámbito universitario como en otros campos afines.

En 1962 obtuvo el primer premio de periodismo en Nueva York, en el II Certamen Literario Internacional, convocado por el Círculo de Escritores y Poetas Hispanoamericanos de Nueva York, por su artículo titulado «Nómadas del siglo xx», y en los años siguientes siguió publicando varios cuentos en la revista de habla hispana Hablemos.

En esta ocasión, aprovechando el tiempo libre del que ha podido disfrutar desde su jubilación, nos ofrece algunas de sus poesías, escritas en distintas etapas de su vida, a lo largo de un recorrido que ella siente como «una escalera mágica»; una escalera subida peldaño a peldaño, tramo a tramo, superando todos los nudos de la existencia, sin perder nunca el gusto por la vida y por la libertad. En su poemas pretende reflejar sus propios sentimientos y los de muchas mujeres que, como ella, lucharon por conciliar su condición de universitarias y trabajadoras con la de ser, a la vez, esposas, madres y amas de casa, en una época en la que era muy difícil conciliar todos estos aspectos.

El hecho de que una editorial como Ménades, dirigida por mujeres jóvenes, llenas de entusiasmo y valía, haya accedido a su publicación supone un reconocimiento a su trayectoria profesional y humana, compartida con otras muchas compañeras de camino.

 

“El año cero”, de Ariadna G. García

Estantería

El año cero combina el thriller con la novela de introspección psicológica a través de una historia de denuncia social y de reivindicación homosexual que establece analogías entre la España actual y la de posguerra. Escrita en primera persona, la mirada de la bombera protagonista testimonia el deterioro de la sociedad para la que trabaja, a la vez que protesta por las injusticias y obstáculos a los que una mujer del siglo xxi debe aún enfrentarse hoy en día para ser valorada en su trabajo y vivir su amor en libertad. El año cero es una novela original y valiente que radiografía la crisis, la corrupción y los rescoldos de los viejos prejuicios que todavía humean en nuestro mundo, y ensalza el vínculo emocional, el amor sin importar género ni condición, como único camino que nos iguala y nos salva.

 

Ariadna G. García (Madrid, 1977) es poeta, novelista y crítica literaria. Licenciada en Filología Hispánica, actualmente ejerce de profesora de lengua castellana y literatura. Vivió en la emblemática Residencia de Estudiantes gracias a una beca de creación artística y aprobó las oposiciones al cuerpo de profesores de secundaria con el número 1 de su promoción. En 2014 publicó su primera novela, Inercia (Baile del Sol), un libro coral de carácter distópico. Como poeta ha publicado varios libros dentro y fuera de nuestras fronteras, entre los que destacan Napalm, ApátridaLa Guerra de InviernoCiudad sumergida (todos en Hiperión), HelioLas noches de Ugglebo y Línea de flotación (Puerto Rico). Su obra ha sido reconocida, entre otros, con los premios Hiperión (2001) y Miguel Hernández (2013). Además, ha preparado ediciones de clásicos para Akal: Antología de la poesía española (1939-1975)Poesía española de los Siglos de Oro Antología poética de Juana Inés de la Cruz, ha traducido (en colaboración con Ruth Guajardo) el libro Vivo en lo invisible. Nuevos poemas escogidos, del escritor Ray Bradbury, y su obra ensayística ha sido recogida en el volumen Cornucopia. Reseñas de literatura contemporánea (2006-2019).

El gusto por la lectura, la necesidad de justicia y reivindicación, la visibilidad y el mimo en la selección y edición. Garantía Ménades.

Precio: desde 4,99€

Elige tu opción

Para el pequeño y medio comercio y para la estructura del libro es importante a nuestro juicio que se compre en las librerías de barrio. Nosotras estaremos encantadas de gestionar las compras que nos lleguen directamente, ¡claro!, pero preferimos esas ventas en donde se puede tocar el libro y charlar un rato con quien se encargue de ellos.

En el siguiente vínculo a Todostuslibros podéis comprobar dónde encontrarlo (no están inscritas todas las librerías, pero sí un buen porcentaje).

SINOPSISLA AUTORADATOS FORMATO FÍSICO

El año cero combina el thriller con la novela de introspección psicológica a través de una historia de denuncia social y de reivindicación homosexual que establece analogías entre la España actual y la de posguerra. Escrita en primera persona, la mirada de la bombera protagonista testimonia el deterioro de la sociedad para la que trabaja, a la vez que protesta por las injusticias y obstáculos a los que una mujer del siglo xxi debe aún enfrentarse hoy en día para ser valorada en su trabajo y vivir su amor en libertad. El año cero es una novela original y valiente que radiografía la crisis, la corrupción y los rescoldos de los viejos prejuicios que todavía humean en nuestro mundo, y ensalza el vínculo emocional, el amor sin importar género ni condición, como único camino que nos iguala y nos salva.

Ariadna G. García (Madrid, 1977) es poeta, novelista y crítica literaria. Licenciada en Filología Hispánica, actualmente ejerce de profesora de lengua castellana y literatura. Vivió en la emblemática Residencia de Estudiantes gracias a una beca de creación artística y aprobó las oposiciones al cuerpo de profesores de secundaria con el número 1 de su promoción. En 2014 publicó su primera novela, Inercia (Baile del Sol), un libro coral de carácter distópico. Como poeta ha publicado varios libros dentro y fuera de nuestras fronteras, entre los que destacan Napalm, ApátridaLa Guerra de InviernoCiudad sumergida (todos en Hiperión), HelioLas noches de Ugglebo y Línea de flotación (Puerto Rico). Su obra ha sido reconocida, entre otros, con los premios Hiperión (2001) y Miguel Hernández (2013). Además, ha preparado ediciones de clásicos para Akal: Antología de la poesía española (1939-1975)Poesía española de los Siglos de Oro Antología poética de Juana Inés de la Cruz, ha traducido (en colaboración con Ruth Guajardo) el libro Vivo en lo invisible. Nuevos poemas escogidos, del escritor Ray Bradbury, y su obra ensayística ha sido recogida en el volumen Cornucopia. Reseñas de literatura contemporánea (2006-2019).

  • Fecha: mayo de 2019
  • Colección: Actuales
  • Más datos:
    • 268 págs.
    • 21x14 cm.
  • ISBN: 978-84-120458-0-2

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“Esas que también soy yo”, antología de cuentos (varias autoras)

Estantería

El cuento es la forma literaria que recoge la magia de la narración desde tiempos inmemoriales hasta ahora. Este género plasma como pocos la historia de la literatura y su cercanía a la población: el cuento oral, el cuento en las hogueras de la tribu, el cuento en las cocinas de las casas, el cuento en boca de mujeres, el cuento al aire libre o encerrado, el cuento a la hora de la siega, el cuento industrial y en las ciudades, las historias condensadas, perfectas, redondas, transmisoras de sabiduría, experiencia, costumbres y rebeliones. El cuento es, también, un acto de militancia, una fórmula expresiva que engancha y crea adicción, que hace leer otros cuentos y nos hace avanzar y experimentar con la literatura. Es una forma narrativa que sabe hablar de nuestro tiempo, en que domina lo intenso, lo breve, lo fragmentado.

Este libro ha sido una iniciativa de AMEIS, Asociación de Mujeres Escritoras e Ilustradoras, y con él no pretendemos hacer una antología definitiva, sino una exposición de un total de 60 autoras, una muestra que, como tal, solo puede ser imperfecta y parcial, pese a los esfuerzos y a los criterios de selección: escritoras actuales que estén en activo, tengan la edad que tengan, y que vivan o tengan una relación estrecha con nuestro país.

En ella hay escritoras consagradas, como Almudena Grandes, Rosa Montero, María Tena o Marta Sanz. Escritoras latinoamericanas como Cristina Peri Rossi o María Fernanda Ampuero. Las hay que están empezando, que son muy jóvenes, y otras que en estos últimos años ya forman parte de una comunidad literaria más reconocida, como Marina Perezagua, Cristina Morales, Sonia Aldama o Gemma Pellicer. Junto a ellas, las ilustraciones de poderosas artistas como Sara Morante resaltan los aspectos más llamativos de algunos cuentos.

Acercarnos a todas ellas, mostrar un amplio panorama de temáticas y edades en castellano, romper tabúes sobre la literatura escrita por mujeres, mostrarla cada vez a un público mayor, convencer y seducir, este es el encanto de esta selección. Hay, además, algo que se plasma con total evidencia en estos textos, algunos inéditos y otros ya publicados: no existen temas específicamente femeninos. Como seres humanos nos afecta todo lo que es vida, muerte, amor, pasión, odio, política, guerras, memoria, sexo, familia… Se puede hacer referencia a la literatura escrita por mujeres, sí, pero teniendo en cuenta que la temática de la literatura es universal, que las mujeres escriben sobre cualquier tema y que deben por ello ser leídas y reconocidas en condiciones de igualdad tanto por hombres como por mujeres.

 

El gusto por la lectura, la necesidad de justicia y reivindicación, la visibilidad y el mimo en la selección y edición. Garantía Ménades.

Precio: desde 5,99€

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Para el pequeño y medio comercio y para la estructura del libro es importante a nuestro juicio que se compre en las librerías de barrio. Nosotras estaremos encantadas de gestionar las compras que nos lleguen directamente, ¡claro!, pero preferimos esas ventas en donde se puede tocar el libro y charlar un rato con quien se encargue de ellos.

En el siguiente vínculo a Todostuslibros podéis comprobar dónde encontrarlo (no están inscritas todas las librerías, pero sí un buen porcentaje).

SINOPSISLA AUTORADATOS FORMATO FÍSICO

El cuento es la forma literaria que recoge la magia de la narración desde tiempos inmemoriales hasta ahora. Este género plasma como pocos la historia de la literatura y su cercanía a la población: el cuento oral, el cuento en las hogueras de la tribu, el cuento en las cocinas de las casas, el cuento en boca de mujeres, el cuento al aire libre o encerrado, el cuento a la hora de la siega, el cuento industrial y en las ciudades, las historias condensadas, perfectas, redondas, transmisoras de sabiduría, experiencia, costumbres y rebeliones. El cuento es, también, un acto de militancia, una fórmula expresiva que engancha y crea adicción, que hace leer otros cuentos y nos hace avanzar y experimentar con la literatura. Es una forma narrativa que sabe hablar de nuestro tiempo, en que domina lo intenso, lo breve, lo fragmentado.

Este libro ha sido una iniciativa de AMEIS, Asociación de Mujeres Escritoras e Ilustradoras, y con él no pretendemos hacer una antología definitiva, sino una exposición de un total de 60 autoras, una muestra que, como tal, solo puede ser imperfecta y parcial, pese a los esfuerzos y a los criterios de selección: escritoras actuales que estén en activo, tengan la edad que tengan, y que vivan o tengan una relación estrecha con nuestro país.

Acercarnos a todas ellas, mostrar un amplio panorama de temáticas y edades en castellano, romper tabúes sobre la literatura escrita por mujeres, mostrarla cada vez a un público mayor, convencer y seducir, este es el encanto de esta selección. Hay, además, algo que se plasma con total evidencia en estos textos, algunos inéditos y otros ya publicados: no existen temas específicamente femeninos. Como seres humanos nos afecta todo lo que es vida, muerte, amor, pasión, odio, política, guerras, memoria, sexo, familia… Se puede hacer referencia a la literatura escrita por mujeres, sí, pero teniendo en cuenta que la temática de la literatura es universal, que las mujeres escriben sobre cualquier tema y que deben por ello ser leídas y reconocidas en condiciones de igualdad tanto por hombres como por mujeres.

Angelina Muñiz Huberman, Cristina Peri Rossi, Bárbara Darder, Mariví Antón, Marga Cancela Negreira, Matilde Tricarico, Begoña Alonso, Rosa Montero, Carmen Peire, Pilar Gómez Esteban, Julia Otxoa, Carmen Vega, María Tena, Elena Casero, Gloria Fernández Rozas, Inmaculada de la Fuente, Isabel Cienfuegos, Lola López Mondéjar, Carmen Dorado Vedia, Violeta Rojo, Almudena Grandes, María José Codes, Alena Collar, Carola Aikin, Marian Torrejón, Nuria Barrios, Cristina Grande, Silvia Eugenia Castillero, Yolanda González, Inma Porcel, Eva Manzano, Maite Núñez, Eva Losada Casanova, Marta Sanz, Viviana Paletta, Elena del Hoyo, Maya García Vinuesa, Ana Grandal, Ester González, Carmen Domingo, Cristina López Barrio, Esther Panduro, Ana Lía de Urán, Gemma Pellicer, Sonia Aldama Muñoz, Lourdes Pinel, Berta Delgado Melgosa, Nuria Sierra Cruzado, María Fernanda Ampuero, María Villa, Gloria Fortún, Marina Perezagua, Mariana Torres, Gema Nieto, Cristina Morales, María Cano, Paloma Caramelo, Lucía Sánchez, Lucía García Díaz Miguel.

  • Fecha: mayo de 2019
  • Colección: Actuales
  • Más datos:
    • 292 págs.
    • 21x14 cm.
  • ISBN: 978-84-120204-6-5

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Olvidadas y universales

Estantería

Para explicar de la manera más ilustrativa el próposito de nuestra colección Olvidadas (y de Ménades, en general), os invito a acompañarme en un pequeño experimento que puede ser fácilmente realizado y cuyas conclusiones son reveladoras. Sólo necesitáis echar mano a cualquier suplemento cultural o revista literaria de este país, tanto en formato digital como físico, y ojear sus páginas en busca de algún reportaje sobre cualquier género o tema literario.

– Yo empecé con un artículo sobre la literatura del racismo. Encontré nombres como James Baldwin, Faulkner, Erskine Caldwell, Coates, Franz Fanon, Chester Himes… Se mencionaba de pasada a Chimamanda Ngozi Adichie y La cabaña del tío Tom pero ni siquiera se nombraba a su autora (Harriet Beecher Stowe), y ni rastro de Carson McCullers, Maryse Condé, Toni Morrison, Jessie Redmon, Zora Neale Hurston o Flannery O’Connor, que tanto contribuyeron al fenómeno literario de la “negritud” y a visibilizar minorías oprimidas. Y mucho menos a la española Gertrudis Gómez de Avellaneda, autora de la primera novela antiesclavista de la historia, Sab.

– Leí después un artículo sobre la vida en soledad en plena naturaleza, y aparecían los nombres de Thoreau, Washington Irving, Richard Kipling, Jack London… También el de Sue Hubbell pero ni rastro de muchas otras mujeres que también trataron el tema, como Marian Engel, Amy Liptrot o Margaret Atwood, así que el repaso está incompleto sin ellas.

– Seguimos para bingo. Leí otro artículo sobre literatura de viajes y aquí los nombres masculinos desbordaban el papel, pero el reseñista (hombre también, qué casualidad) se había olvidado de Egeria, Annemarie Schwarzenbach, Emilia Pardo Bazán, Carmen de Burgos, Ida Laura Pfeiffer, Annie Dillard, Sanmao, Mary Wollstonecraft, Zenobia Camprubí, Anne Lister, Jane Franklin, Edith Wharton, Cheryl Strayed, Beryl Markham, Catherine Poulain, Margaret Fuller, Katherine Routledge o Nellie Bly, que también fueron (o son) grandes viajeras y narradoras (además, esta última consiguió dar la vuelta al mundo en 72 días, ganándose la admiración y el reconocimiento de Julio Verne).

– Busqué un reportaje sobre la Generación del 27 y aquí, será por la cuestión patria, los olvidos resultaron mucho más dolorosos y ofensivos: Concha Méndez, Ernestina de Champourcin, María Teresa León, Josefina de la Torre, María Zambrano, Luisa Carnés, Margarita Ferreras, Rosa Chacel, Agustina González… Igual de meritorias que sus compañeros pero siguen despreciadas en la actualidad por muchos críticos. De igual modo, autores españoles del Romanticismo conocemos todos, pero, ¿y a Rosa Butler, Josefa Massanés, Carolina Coronado, Cecilia Böhl de Faber (Fernán Caballero), Ángela Grassi, Amalia Fenollosa…? ¿Acaso las estudiamos en el colegio junto a Larra, Bécquer o Espronceda?

– Vamos con la ciencia ficción. Julio Verne, Isaac Asimov, Arthur C. Clarke, H. G. Wells, Huxley o Ray Bradbury son nombres que no pueden faltar. Pero tampoco los de Mary Shelley, Ursula K. Le Guin, Joanna Russ, Octavia Butler, Connie Willis o Ann Leckie. Pues faltan, os lo aseguro.

– Probemos con el cuento. Ahí están los autores canónicos, indiscutibles: Poe, Cortázar, Borges, Kafka, Carver, Joyce, Cheever, Chejov… ¿Y ellas no son igualmente meritorias, de verdad el talento de Alice Munro, Clarice Lispector, Willa Cather, Kate Millet, Shirley Jackson, Edith Wharton, Angela Carter, Joyce Carol Oates o Lucia Berlin no merece ni siquiera mencionarse?

– ¿Y la literatura LGTB? Enseguida nos vienen a la mente nombres como los de Oscar Wilde, Rimbaud, Edward Albee, Tennessee Williams, William Burroughs, Tom Spanbauer, Luisgé Martín, Lorca, Cernuda… Pero los reseñistas parece que tienen que esforzarse más para dar con referentes tan importantes como Safo de Lesbos, Radclyffe Hall, Djuna Barnes, Annemarie Schwarzenbach, Anaïs Nin, Marguerite Yourcenar, Patricia Highsmith, Fannie Flagg, Elena Fortún, Gloria Fuertes, Sarah Waters, Jeanette Winterson, Alison Bechdel, Ángeles Vicente o Elizabeth Bishop.

Y así todo. En cualquier suplemento, en cualquier género.

Las mujeres ocupan porcentajes irrisorios en el mundo cultural: en el catálogo de las grandes editoriales suman el 20%. Sólo un 7% de los seres humanos que aparecen citados en los manuales de educación secundaria en España son mujeres, y niños y adolescentes pasan por toda su etapa educativa aprendiendo que sólo hubo hombres notables a lo largo de la historia que realizaron grandes hazañas, descubrimientos o creaciones artísticas. Las hubo, no es que no existan. Otra cosa es que se les haya permitido desarrollar o exponer sus trabajos, que se las haya tomado en serio y que hoy se reconozca su trabajo en la misma medida que a los autores, cuando su contribución intelectual fue sistemáticamente menospreciada a lo largo de los siglos. Un 11% son las galardonadas en premios literarios. Un 9% forman parte de instituciones, academias, jurados… Hemos normalizado esta invisibilización hasta el punto de no cuestionarla en dos mil años de historia sesgada, incompleta y patriarcal.

La editora Gema Nieto y las traductoras Gloria Fortún, Julie Delabarre y Carmen Álvarez durante la presentación de Olvidadas

 

Los nombres masculinos han sido siempre mayoritarios y prioritarios, y por desgracia aún lo siguen siendo en premios, antologías, libros de textos, academias… Las mujeres llevamos toda nuestra vida leyendo, consultando o estudiando libros sobre hombres escritos por hombres, a medida, sesgo y gusto de los hombres, y adoptando y aceptando su imaginario. Nunca hemos visto una sección “de hombres”, probablemente porque abarcaría todo el catálogo y porque estos libros son los que se relacionan con la literatura universal, nunca particular o específica, como sucede con la literatura escrita por mujeres.

Con la colección “Olvidadas”, por lo tanto, y partiendo desde estos hechos tan irrefutables como vergonzosos, nos proponemos los siguientes objetivos:

1) En primer lugar, hacer justicia literaria con autoras cuyas obras guardan una calidad literaria destacable y que fueron obviadas, menospreciadas y silenciadas sólo por el hecho de ser mujeres.

2) Reconocer su trabajo en la misma medida que el de los autores, ya que sus aportaciones fueron tanto o más valiosas que las de sus colegas masculinos y aun así continúan sin figurar en los libros de texto, antologías o enciclopedias más que como anexos.

3) Recuperar todos esos referentes que el canon androcéntrico nos ha usurpado para que sirva de inspiración a las escritoras actuales, que narren desde su punto de vista lo que los autores llevan siglos narrando y que ha servido para formarnos hasta hoy una idea incuestionable del mundo. En otras palabras, rescatar y reivindicar esa genealogía silenciada que tan bien explica Joanna Russ en Cómo acabar con la escritura de las mujeres:

«Una forma en que las escritoras son castigadas es haciendo que no se perciba su influencia (…). Las escritoras son vistas con frecuencia como criaturas singulares y se convierten en casos excepcionales. Se trata de un rechazo disfrazado de halago (…). No es un cumplido tratar a una autora como si fuera una extraña (…). Así se refuerza la hegemonía (…). Así tenemos esa sensación de que toda contribución significativa en el mundo de las letras ha sido realizada por el hombre blanco heterosexual, una sensación reforzada a través del sistema educativo, los libros de historia y el mundo que nos rodea».

4) Demostrar la universalidad en los temas literarios tratados por autoras de todas las épocas y nacionalidades. Como comprobábamos antes en nuestro experimento, las mujeres han escrito a lo largo de todos los siglos sobre TODOS los temas que existen, no únicamente de uno o dos (a los que siempre se pretende reducir su escritura), pero no se las divulga en artículos generalistas que son mayoritariamente escritos por hombres. Sencillamente, no les da la gana, ni se esfuerzan en buscar sus nombres, y eso que tampoco son desconocidísimos ni mucho menos irrelevantes. Y si para tratar cualquier tema los periodistas, compiladores o profesores no cuentan con el punto de vista femenino o no visibilizan nombres de autoras más que en artículos específicos sobre “literatura y mujeres”, “literatura sobre la maternidad” o “autoras de la literatura universal”, sencillamente están haciendo mal su trabajo.

Los autores no son los dueños exclusivos de los grandes temas universales. Cada una de nuestras autoras Olvidadas son el ejemplo perfecto de que no existen temas específicos “de mujeres” sino que ellas también escribieron sobre preocupaciones e inquietudes de interés humano universal:

Ioanna Tsatsos trató la problemática del ser y del alma, el enfrentamiento con la enfermedad, la incertidumbre existencial, la soledad del ser humano frente a un Dios que se esconde, la amistad y el respeto hacia un hombre más allá del mero interés romántico…

Willa Cather escribió sobre los silencios en los que habita la frustración cotidiana, el choque brutal entre la realidad y el deseo, el anhelo de elevarnos del hastío y de la rutina a través del arte, la incapacidad de expresar determinados anhelos…

Flora Tristán personificó el activismo político y feminista en plena Revolución Industrial y fue pionera en reivindicar los derechos de la clase obrera con su llamamiento: “¡Proletarios del mundo, uníos!”.

Zitkala-Sa hizo de sus cuentos pequeños “bildungsroman” o fábulas de aprendizaje a través los temas de la identidad, la memoria, el crecimiento personal, el conflicto entre las raíces y la imposición externa, la espiritualidad, el panteísmo…

Anne Lister simbolizó la fuerza de voluntad de alguien que no se resignó a las expectativas marcadas para su género, hizo bandera de la libertad y el autogobierno y trató con absoluta naturalidad la subversión de roles, la reivindicación de la identidad, la normalización de cualquier orientación sexual…

Katherine Routledge investigó las tribus primitivas y se basó en los primeros pobladores de la Isla de Pascua para desarrollar sus teorías antropológicas, muchas de las cuales continúan en vigencia hoy en día.

Agustina González desafió toda convención para adelantarse a su tiempo con sus ideas y su lenguaje: fue la primera mujer en nuestro país que defendió una ley de matrimonio igualitario entre personas del mismo sexo, criticó la estrechez de miras de la mentalidad burguesa, adoptó un sistema de escritura abreviado que en el futuro sería el de los mensajes de texto de los móviles…

Decidme si todos estos temas no son universales, o si deberían interesar únicamente a la mitad de la población humana.

Nadie muere del todo si alguien continúa pronunciando su nombre, de modo que eso hacemos desde Ménades y eso os animamos también a hacer, lectores: descubridlas, leedlas, valoradlas, porque son demasiados siglos los que estas grandes autoras han permanecido olvidadas. Escuchad sus voces, sentid su agradecimiento. Nombradlas y traedlas de nuevo a la vida desde esa segunda muerte más demoledora e injusta que es el olvido. Todos tenemos (tenéis) el poder de resucitar a los muertos.

“Heteras en la Antigua Grecia”, de Catalina Aparicio

Estantería

 

«Así, el mito de Pandora se asienta como paradigma de la hostilidad hacia la mujer en la mitología griega, y condensa la concepción de lo femenino que tenía la sociedad que lo creó. En él se observan las divergentes características que separan a hombres y mujeres desde tiempos inmemoriales, desde el mismo momento de su origen, natural el del hombre, artificial el de la mujer».

«Poco han cambiado las cosas en más de dos mil quinientos años, un hecho tan llamativo, por insólito, que merece una detenida reflexión». 

«Cabe señalar que la mitología griega, inventada por una sociedad patriarcal, incorpora en la base de su construcción la superioridad masculina y la consiguiente inferioridad de la mujer.
[…] una de las características que se ha considerado única en la civilización griega, y de gran repercusión, es que de la transmisión del mito se encargó la literatura».

¿Realmente lo eran o se trataba, como sucede en nuestro tiempo, una forma de descalificar a la mujer que estudiaba, leía, se oponía, luchaba, gritaba, bebía, no escondía su deseo sexual, bailaba, es decir, se atrevía a ser mujer sin roles de género? ¿Qué relaciones tenían estas mujeres con los más eminentes comediógrafos, políticos, trágicos, filósofos y ciudadanos relevantes de Grecia? ¿Con el resto de los hombres, que consideraban que la mujer no debía ocupar el espacio público?

Catalina Aparicio aborda sin miedo, con elegancia y una prosa sublime esta cuestión y, además saca a la luz otras cuestiones sumamente relevantes para conocer la situación de la mujer en el mundo griego; mundo sobre y desde el que se ha construido la sociedad occidental. Se trata de un ensayo que va más allá de la historicidad para adentrarse en el cuestionamiento de aquellos referentes, de aquellos personajes y de aquella cultura que ha configurado la sociedad judeocristiana.

Desde la claridad, la precisión, la belleza, la inteligencia, la erudición, Catalina Aparicio nos permite descubrir si hemos cambiado, si seguimos considerando heteras a aquellas que simplemente luchan por un mundo más justo.

Catalina Aparicio Villalonga es profesora de filosofía en educación secundaria. Es maestra, logopeda, licenciada y doctora en Filosofía por la Universitat de les Illes Balears. Es autora de diversos artículos publicados en revistas científicas.

El gusto por la lectura, la necesidad de justicia y reivindicación, la visibilidad y el mimo en la selección y edición. Garantía Ménades.

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Catalina Aparicio aborda sin miedo, con elegancia y una prosa sublime cuestiones sumamente relevantes para conocer la situación de la mujer en el mundo griego; mundo sobre y desde el que se ha construido la sociedad occidental. Se trata de un ensayo que va más allá de la historicidad para adentrarse en el cuestionamiento de aquellos referentes, de aquellos personajes y de aquella cultura que ha configurado la sociedad judeocristiana. Desde la claridad, la precisión, la belleza, la inteligencia, la erudición, Catalina Aparicio nos permite descubrir si hemos cambiado, si seguimos considerando heteras a aquellas que simplemente luchan por un mundo más justo.

Catalina Aparicio Villalonga es profesora de filosofía en educación secundaria. Es maestra, logopeda, licenciada y doctora en Filosofía por la Universitat de les Illes Balears. Es autora de diversos artículos publicados en revistas científicas.

  • Fecha: febrero de 2019
  • Colección: Trincheras
  • Más datos:
    • 200 págs.
    • 21x14 cm.
  • ISBN:978-84-120006-5-8

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