“Puntos de luz en la noche”, de Isabel Cienfuegos

Todo ha cambiado alrededor, pero también dentro de los protagonistas de estas historias. El amor, el trabajo, las certezas, el lugar. A veces la propia identidad o el mismo significado de las palabras. Expulsados de su mundo, buscan en otros paisajes, otras situaciones, incluso en el recuerdo, en la fuerza de voluntad o en realidades insospechadas, puntos de luz en la noche que permitan una nueva forma de ver, de verse.

«Estos cuentos son una disección científica sobre la naturaleza humana, donde nos habla de enfermedades, de la vida y la muerte, de madres e hijas, batallas perdidas, desconsuelos, deses-peranzas, pero en todos sus personajes irrumpe la necesidad de aferrarse a todo aquello que nos hace humanos.»
Carmen Peire
«Como ya demostrara en su anterior libro de relatos, Mañana los amores serán rocas, la aguda mirada de Isabel Cienfuegos se ha especializado en desvelar los anhelos más íntimos del ser humano. La autora explora el universo de la amistad, las relaciones madre-hija o la decepción, sin abandonar nunca la exigente ambición formal que la caracteriza, y sale airosa del reto.»
Lola López Mondéjar

Isabel Cienfuegos nació en Madrid, donde reside. Ha compartido la dedicación a la literatura con el ejercicio de la neumología en un gran hospital público de la misma ciudad. Sus cuentos se han publicado en antologías como Por favor, sea breve y Por favor sea breve 2 (Páginas de Espuma 2001 y 2009), Jonás y las palabras difíciles y Futuros imperfectos (Colección Nuevos Narradores 2010 y 2012), 201 y 69 Antología de relatos eróticos II (Ediciones Altazor 2014 y 2016), Vamos al circo (Colección Ficción Express, Universidad de Puebla 2016), Veintitrés formas de tocar a una mujer (DeLirios 2017), Las más extrañas historias de amor (Reino de Cordelia 2018), Los pescadores de perlas (Editorial Montesinos 2019) y Esas que también soy yo (Editorial Ménades 2019).

Ganó el V Concurso de Microrrelato del Bistró, de la Librería Central de Madrid (2016), y el segundo premio en el I Certamen de Relato Breve de la Fundación Fomento Hispania (2017). Ha publicado también en revistas nacionales e internacionales: Magyar Napló (Hungría 2009), Luvina (México 2011 y 2014), Conexos (2013), Scholars Commons, Revista Surco Sur (Universidad de Florida 2014), Litoral (2017) y Quimera (2019). Es autora del libro de relatos Mañana los amores serán rocas (Editorial Cuadernos del Vigía 2012).

“Tiempo roto”, de Margot Chamorro

«… entonces ya nada fue igual. El tiempo se rompió en dos, uno fue el de antes de la guerra, y el otro fue el de después».

Sigue viva entre nosotros la memoria de la Guerra Civil, y también la de los largos y crueles años de la posguerra; una época gris y amarga, sobre todo para quienes tuvieron que ver cómo sus ideales quedaban aplastados. Ese es el tiempo roto del que Margot Chamoro nos habla en este emotivo libro, un relato testimonial en el que la autora evoca el recuerdo de su infancia vivida en una familia de los vencidos, que, con su apasionada sinceridad, nos llega directamente al corazón.

 

«Dame tu mano. Juntos vamos a recorrer el camino de mi infancia. Me gustaría que esto que te voy a contar fuese como un libro de estampas, y que al pasarlas una a una pudieras formarte una idea de cómo éramos los niños de entonces. Aquellos niños que aprendimos a cantar el «Cara al sol», con aquello de… volverá a reír la primavera, cuando teníamos por delante un tiempo de invierno tan largo… »

 

A Margot Chamorro, desde muy pequeña, le gustaba observar todo lo que le pasaba por delante de los ojos: las peleas, el barrendero, el callejón, los pajaritos que andaban saltando por la plazuela, el sol, las nubes… Era todo tan hermoso que soñaba con plasmarlo, pero estaban viviendo la guerra del año 36, y no tenía pinturas, ni lápices, ni tan siquiera un trozo de papel. A pesar de ello, ella iba a la plaza de Calatrava y buscaba en la basura pequeños trozos de teja con los que dejaba grabadas en el suelo sus fantasías. En invierno la lluvia las borraba, pero, obstinada, las pintaba una y otra vez.
De mayor, fue a la academia Cid a estudiar dibujo, que luego le sirvió para ponerse a trabajar. De la mano de su profesor leyó aquel libro, Chiquillos, de William Saroyan, que la impulsó a poner por escrito todo lo que había vivido. Así nació este, su primer libro. Escribió además narrativa, teatro, artículos, cuentos y poesía infantil y adulta, colaborando en ediciones colectivas, periódicos y revistas, y ejerciendo de cuentacuentos. También pintó óleos y acuarelas que expuso en el Parador Nacional de Tui.

“Maldita Helena”, de Daniel Tubau

Helena es quizá el personaje que más se parece al inquieto Ulises, aunque de ella sabemos mucho menos. Pero esta Helena de muchas formas, cambiante en la voz de cada poeta, dramaturgo o filósofo nos sigue fascinando precisamente porque no se deja atrapar en una única definición. Daniel Tubau nos acerca a este fascinante personaje admirado y odiado por poetas, dramaturgos, filósofos y eruditos, que la han considerado el símbolo de la belleza y la pasión, pero que también la han acusado de adúltera, traidora a su patria y causante de una guerra espantosa. Con maestría, haciendo patente su capacidad de evocar y conectar referencias que parecen alejadas, el autor nos invita a visitar decenas de lugares (porque Helena no solo estuvo en Troya y en Esparta), descubriendo en el camino las diferencias entre los mitos, obras, discursos políticos, diatribas filosóficas y comedias o tragedias en las que ha aparecido Helena; y se propone rescatar, a partir de todas esas huellas históricas, los rasgos originales de un mito antiquísimo. Se aleja de la imagen estereotipada y nos muestra los matices y la riqueza de una de las grandes protagonistas de la cultura grecolatina, combinando la mitología con todo tipo de materias. Su profundo conocimiento de la materia va más allá de la mera recreación histórica: nos propone un diálogo que nos permite comprender la complejidad de una personalidad contradictoria pero siempre fascinante como es Helena.

Daniel Tubau nació en Barcelona, pero vive en Madrid. Su amor por la mitología lo descubrió gracias a un libro que le regaló su madre. Tras escribir y publicar varios cuentos, ensayos y novelas entre los 18 y los 24 años, impulsado por su amor hacia los pensadores griegos, decidió estudiar Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid. Trabajó como guionista y director de televisión durante más años de los necesarios y, como Sísifo, aún lo hace. Ha sido profesor de guion en Argentina, Cuba, Perú y República Dominicana, profesión que también ejerce en España. Ha publicado libros de ensayo como Nada es lo que es, Elogio de la infidelidad o La verdadera historia de las sociedades secretas, pero también acerca de un mito moderno como Sherlock Holmes (No tan elemental), o sobre el estratega chino Sunzi (El arte del engaño), así como una novela de ciencia ficción (Recuerdos de la era analógica) y tres libros de guión (Las paradojas del guionista, El guión del siglo 21 y El espectador es el protagonista).

“Hormiga blanca”, de Mónica Sánchez e ilustrado por Sinsuni Velasco

Los relatos que componen este libro nos invitan a sumergirnos en el universo literario de Herman Melville doscientos años después de su nacimiento. A través de cinco cuentos originales y de su prosa contenida y precisa, Mónica Sánchez recupera los personajes y mundos del autor: Bartleby revive en la enigmática señora M., quien preferiría hacerlo todo, sin freno. El capitán Ahab, Quequeeg e Ismael protagonizan una nueva épica mientras esperan el tren de La Bestia (la ballena blanca), en la inhóspita frontera de México con Estados Unidos. Benito Centeno no es un barco fantasma, sino un establecimiento hotelero venido a menos y que esconde un pasado estremecedor. No faltan en estas páginas ni un impertinente vendedor de pararrayos, testigo de un amor efímero; ni Ágata, la vecina insidiosa capaz de elaborar en sus delirios una poética en toda regla. Sinsuni Velasco, acompaña estas historias y completa la recreación del universo de Melville con sus ilustraciones y su atractivo diseño: un bonito y original homenaje al autor de Moby Dick, que demuestra que su obra está más vigente que nunca.

Mónica Sánchez (Madrid, 1970) inicia su trabajo profesional como correctora y editora en El País-Aguilar. En 1998, se incorpora a RAIS, una ONG dedicada a la inserción sociolaboral de las personas sin hogar. Escribe tres ensayos sobre temas de exclusión social: A ciegas, mil historias de la calle, En dos, un viaje a las fronteras y Solo luna, treinta cartas a una dama sin hogar, todos ellos publicados por RAIS y Obra Social Caja Madrid. En 2006, se traslada a México, donde publica las novelas La hija de Kafka (El Andén, 2009) y Zapatos rotos (JP Libros, 2010). En 2008, gana el Premio Internacional de Teatro Breve Ciudad de Requena (2008) por su obra Cama caliente a la deriva y, un año después, el primer premio de Novela Corta María Zayas con Zapatos rotos. Tanto en 2008 como en 2015 acaba finalista en el prestigioso concurso de cuentos Coseña Eñe.

Ilustraciones de Sinsuni Velasco.

“Ratas en el alféizar”, de Blanca Berjano

Blanca Berjano expresa en el poemario Ratas en el alféizar el proceso de ruptura de una mujer con su rol establecido; las ratas que acechan en el alféizar (el cuerpo y la mente femeninos) evocan el miedo a romper con la normatividad de género y con el modo de sentir el amor, el desamor y el deseo, así como el miedo a descubrir ese algo desconocido, que puede llevar al abismo o a la libertad. Para ello se subvierten las raíces culturales de la autora, reviviendo el mundo grecorromano y el simbolismo del flamenco.

La belleza que evocan los poemas no se queda en un mero formalismo o repetición de las estructuras estéticas clásicas, sino que transciende el canón para adentrarse en un nuevo nivel de realidad desposeído de la normatividad social y cultural.

Blanca Berjano (Madrid, 1987) es escritora y viajera, con licenciatura y máster en Filología Clásica y en Enseñanza del Español. Actualmente reside en una isla al norte de Madagascar, donde ha terminado su primer poemario, Ratas en el alféizar. Ha ganado algunos premios y becas en filología, y ha colaborado como redactora en el periódico digital Diagonal, en la revista Mosaico, y en las revistas feministas Pikara Magazine y Mujeres en Lucha.

No, las mujeres no pueden ir solas al jardín botánico.

A las tres de la tarde en el jardín te esperan los hombres, Blanca.

Ni los perros cancerberos te defenderán, Blanca,

ni las madres–cobra morderán sus cuellos con ponzoñoso

veneno.

 

Las perras anuncian tu llegada por el megáfono, se expanden

sus ladridos en un eco mezclándose con el adhan; los jardines

se inundan con los bellos ululatos de las mezquitas y por un

momento no se perciben las bocinas de los coches.

 

Es muy fácil hablar de la paz, hermano, tú que eres hombre,

tú quieres enseñarme a mí un mensaje de paz, tú que me

observas fijamente desde la lejanía como si mi imagen te

perteneciera, tú que me persigues por este bello jardín

lleno de flores y de mosquitos y de miradas de bebés–mono

comiendo piña.

 

Los cuervos arrancarán los ojos de los cadáveres de las

lechuzas, mientras tú, hombre que rezas por la paz entre

hermanos, me perseguirás escondiéndote entre los arbustos

del jardín de Lal-bagh.

“Es una mujer impura”, de Fahmida Riaz

Fahmida Riaz (1946-2018) fue una poeta paquistaní, y es una de las voces poéticas más importantes de todo el subcontinente indio. Ya su primer libro Cuerpo desgarrado, escrito cuando tenía poco más de veinte años, nos descubre a una mujer segura de sí misma, indómita y comprometida. En sus versos reivindica a la mujer como ser pensante, pero también como ser dotado de un cuerpo que desea, y por eso no se avergüenza de expresar qué y cómo desea.  Fahmida es también una poeta social que alza su voz en favor de los más desfavorecidos.

Sin renunciar a un exquisito lirismo, esta voz disidente contradice la visión estereotipada que se suele tener en occidente de la mujer musulmana para mostrarnos así otra cara de esa realidad.

Sus ideas hicieron que fuera perseguida hasta el punto de tener que exiliarse en la India, y que su voz fuera silenciada en los círculos literarios, favoreciendo en su lugar a otras menos incómodas. No obstante, la calidad de su obra ha hecho que se haya ido imponiendo por sí sola, hasta que en 2014 el gobierno de Paquistán le concedió el premio Kamal-e-Fan, el galardón literario más importante del país.

Fahmida Riaz, además de una voz comprometida con los más desfavorecidos, ha sido una de las primeras autoras del subcontinente indio en reivindicar el deseo y el placer femenino. En su poesía, silenciada por su osadía, nos descubre cómo la mujer debe todavía tomar las riendas de su cuerpo aun exponiéndose a ser calificada de desvergonzada.

Este libro reúne la colección de poesía más extensa publicada en otro idioma de la obra de esta mujer paquistaní, musulmana y, sin embargo, (y este «sin embargo» está escrito solo desde nuestros prejuicios occidentales), intrépida y reivindicativa.

Su voz, junto a la de muchas otras mujeres en muchos otros puntos del mundo, se convierte, dentro del catálogo de Ménades, en parte de un mapa que había permanecido hasta ahora oscurecido y emborronado, pero que poco a poco comienza a ver la luz para sorprendernos, deleitarnos y enriquecernos.

Es una mujer impura,

en la prisión del flujo de su sangre,

en el ciclo de los meses y los años,

en el fuego de la ardiente lascivia,

en pos de su deseo.

 

 

Edición bilingüe de Rocío Moriones Alonso

 

 

“Clemencia a las estrellas”, de Agustina González

Carro de Compra

Asombra, todavía, el silencio y el olvido que se cernieron tras su asesinato sobre una personalidad tan impactante y distinta a todas. Pese a que su leyenda sigue formando parte de la mitología de una ciudad que en tiempos de Lorca alcanzó sus cimas de intensidad y desgarro, ni siquiera un final tan trágico como el del propio Federico ni el hecho de que el poeta se inspirara en ella para escribir La zapatera prodigiosa sirvieron para incluir a Agustina González en la nómina de genios de una generación cuya condena fue adelantarse décadas (o siglos) en su filosofía de vida y sus métodos.

Natural humanista y socialista convencida, defensora de una acción política que buscara únicamente el bien común por encima de intereses personales, detractora del belicismo y del descrédito de los políticos, lo que impulsaba a hablar a Agustina era la rebelión ante lo injusto asumido y lo absurdo normalizado. Siguiendo la corriente de sus pensamientos a lo largo de estos textos, que ella misma se encargaba de imprimir y vendía en el escaparate de su zapatería, descubrimos a una mujer honesta, fiel a sí misma, de una lucidez tan transparente que en ocasiones limita incluso con la ingenuidad, enemiga de la mentira y la hipocresía, sincera y valiente hasta las últimas consecuencias. Las críticas no hicieron sino endurecerla, reforzarla en sus convicciones tan puras como sencillas: permanecer leal y constante a los propios ideales, que serán los correctos mientras no atenten contra nadie ni promuevan mal ni odio.

Crítica con el servilismo a los ricos, con la ignorancia y la soberbia, con los que desprecian a las clases inferiores, con la avaricia de los banqueros y la ineptitud de los políticos, dignificó a obreros y campesinos, se burló de señoritos ricos de vida holgazana y resuelta, ideó numerosos métodos para mejorar la vida diaria en las ciudades y para erradicar la ignorancia de las masas, denunció los peligros del fanatismo, enarboló el feminismo como una de las banderas más necesarias en la construcción de un país futuro con plena igualdad de derechos entre hombres y mujeres, concibió a Dios de modo panteísta y demostró, además de un inmenso apego a la vida, una imaginación y creatividad que el fascismo segó de raíz.

Agustina nació en Granada el 4 de abril de 1891. Lectora voraz, inquieta y preocupada por el mundo que la rodea, desde niña confiaba encontrar en los libros las respuestas a las preguntas que la acechaban. Después de cursar sus estudios primarios en el Real Colegio de Santo Domingo de Granada, donde demostró también un inusitado interés por la astronomía y las ciencias, su familia valoró en asamblea si la adolescente podía o no leer cuanto deseaba, seguramente sospechando ya, o temiendo, que la chica despuntara intelectual y preguntona. La resolución fue favorable en parte, porque pese a que no se le prohibió del todo la lectura, sí se la sometió a una vigilancia estricta que causó en Agustina periodos de ansiedad y nerviosismo de los que intentaba escapar disfrazándose con las ropas de sus hermanos para caminar libre por las calles. Una natural predisposición a la curiosidad por las cosas del mundo le lleva a seguir leyendo a escondidas de sus hermanos, a interesarse por las ciencias, por la religión, por los debates políticos… La joven Agustina divaga, imagina, se recrea, rememora amoríos y cortejos de adolescencia, sueña con un futuro que nunca podrá ver. Juega con los roles de género y los tergiversa, se atreve a desafiarlos, a comprobar hasta qué punto nos condicionan y nos determinan.

Las consecuencias al ser descubierta no se hicieron esperar: junto con el diagnóstico de histeria llegaron las primeras críticas generalizadas, puesto que la respuesta a una mujer independiente en un entorno tan asfixiante como el de un pueblo pequeño previo a la Guerra Civil no puede ser más que la burla y el insulto. Su actitud carismática, inteligente y contestataria suponía un desafío intolerable a unos detractores para cuyas aspiraciones de igualdad, cultura y progreso sólo podían deberse a una razón: el desequilibrio mental de quien las propugnaba, más aún tratándose de una mujer. Pero Agustina aprovechó sus circunstancias desfavorables para extraer de ellas la inspiración y escribir sus ensayos contra quienes tenían tal estrechez de miras que no eran capaces de distinguir las ideas que hacen avanzar a la humanidad. Si una sociedad intransigente y cerril le exige justificarse, ésta es la única manera en que lo hará una mujer que ya ha escapado para siempre del molde de sumisión y obediencia prefabricado para ella.

La vocación política de Agustina le llevó a fundar el Partido Entero Humanista para las elecciones de 1933. En la bandera blanca del Partido Entero Humanista sólo ondeaban dos palabras bordadas: «Alimento y Paz», y los puntos principales de su Reglamento Ideario del Entero Humanista Internacional tenían por meta objetivos tan elevados como eliminar las fronteras, acuñar una moneda universal, crear el Palacio de Todos para dar alojamiento a los pobres y desposeídos, erradicar el hambre en el mundo o legalizar los matrimonios entre personas del mismo sexo, algo absolutamente revolucionario para la época.

Agustina hacía preguntas. Llamaba a la acción. Tocaba temas incómodos. No se callaba. Molestaba. Y precisamente esta personalidad tan transgresora, tan intolerable en la España de la Guerra Civil, fue la causa de que el franquismo la apuntara con su dedo de hierro.

Tras el golpe de Estado de 1936, la zapatera fue primero encarcelada y después trasladada al pueblo de Víznar y fusilada allí («por puta y por lesbiana»), igual que Lorca, junto a otras dos mujeres, aunque se desconoce la fecha exacta de la ejecución. Dicen que, en el momento de su muerte, enfrentada ya a los fusiles del pelotón colocado en línea, se negó a solicitar el perdón de Dios y alzando sus ojos al cielo pidió, en cambio, clemencia a las estrellas. Pero sus asesinos no consiguieron callar su voz, que hoy compartimos, ni enterrar sus ideas. Aquí están, recopiladas por primera vez, para que no vuelvan a caer jamás en el negro abismo del olvido.

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Asombra, todavía, el silencio y el olvido que se cernieron tras su asesinato sobre una personalidad tan impactante y distinta. Pese a que su leyenda sigue formando parte de la mitología de una ciudad que en tiempos de Lorca alcanzó sus cimas de intensidad y desgarro, ni siquiera un final tan trágico como el del propio Federico ni el hecho de que el poeta se inspirara en ella para escribir La zapatera prodigiosa sirvieron para incluir a Agustina González en la nómina de genios de una generación cuya condena fue adelantarse décadas (o siglos) en su filosofía de vida y sus métodos.

Natural humanista y socialista convencida, defensora de una acción política que buscara únicamente el bien común por encima de intereses personales, detractora del belicismo y de la ineptitud de los políticos, lo que impulsaba a hablar a Agustina era la rebelión ante lo injusto asumido y lo absurdo normalizado. Siguiendo la corriente de sus pensamientos a lo largo de estos ensayos, que ella misma se encargaba de imprimir y vendía en el escaparate de su zapatería, descubrimos a una mujer honesta, fiel a sí misma, de una lucidez transparente, enemiga de la mentira y la hipocresía, sincera y valiente hasta las últimas consecuencias, a quien los juicios adversos no hicieron sino endurecerla y reforzarla en sus convicciones.

Crítica con el servilismo, la avaricia y la soberbia, dignificó a obreros y campesinos, se burló de señoritos ricos de vida holgazana y resuelta que despreciaban a las clases inferiores, ideó numerosos métodos para mejorar la vida diaria en las ciudades y para erradicar la ignorancia de las masas, denunció los peligros del fanatismo, enarboló el feminismo como una de las banderas más necesarias en la construcción de un país futuro con plena igualdad de derechos entre hombres y mujeres, concibió a Dios de modo panteísta y demostró, además de un inmenso apego a la vida, una imaginación y creatividad que el fascismo segó de raíz. Pero sus asesinos no consiguieron callar su voz, que hoy compartimos, ni enterrar sus ideas. Aquí están, recopiladas por primera vez, para que no vuelvan a caer jamás en el negro abismo del olvido.

 

Agustina González nació en Granada el 4 de abril de 1891. Lectora voraz, inquieta y preocupada por el mundo que la rodeaba, desde niña confió encontrar en los libros las respuestas a las preguntas que la acechaban. Después de cursar sus estudios primarios en el Real Colegio de Santo Domingo de Granada, su familia valoró en asamblea si la adolescente podía o no leer cuanto deseaba y la sometió a una vigilancia estricta que causó en Agustina periodos de ansiedad de los que intentaba escapar disfrazándose con las ropas de sus hermanos para caminar libre por las calles. Una natural curiosidad le llevó, sin embargo, a seguir leyendo a escondidas, a interesarse por las ciencias, por la religión y los debates políticos, a desafiar los roles de género y comprobar hasta qué punto nos condicionan. Las consecuencias al ser descubierta no se hicieron esperar: junto con el diagnóstico de histeria y desequilibrio mental llegaron las primeras críticas generalizadas, puesto que la respuesta a una mujer independiente en un pueblo pequeño no podía ser más que la burla y el insulto. Su actitud carismática, inteligente y contestataria suponía un desafío intolerable para la estrechez de miras de sus detractores. Pero Agustina, que ya había escapado para siempre del molde de sumisión y obediencia prefabricado para ella, aprovechó sus circunstancias desfavorables para extraer de ellas la inspiración y escribir sus polémicos ensayos.

Su vocación política y sus aspiraciones de igualdad, cultura y progreso le llevaron a fundar el Partido Entero Humanista para las elecciones de 1933, entre cuyos objetivos principales se encontraba eliminar las fronteras, erradicar el hambre en el mundo o legalizar los matrimonios entre personas del mismo sexo, algo absolutamente revolucionario para la época.

Agustina hacía preguntas. Llamaba a la acción. Tocaba temas incómodos. No se callaba. Molestaba. Y precisamente esta personalidad tan transgresora, tan intolerable en una mujer de su época, fue la causa de que el franquismo la apuntara con su dedo de hierro para asesinarla.

Tras el golpe de Estado de 1936, la zapatera fue primero encarcelada y después trasladada al pueblo de Víznar y fusilada allí, igual que Lorca, junto a otras dos mujeres, aunque se desconoce la fecha exacta de la ejecución. Dicen que, en el momento de su muerte, enfrentada ya a los fusiles del pelotón colocado en línea, se negó a solicitar el perdón de Dios y alzando sus ojos al cielo pidió, en cambio, clemencia a las estrellas.

  • Fecha: junio de 2019
  • Colección: Olvidadas
  • Más datos:
    • 210 págs.
    • 21x14 cm.
  • ISBN:978-84-120204-8-9

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“La mujer molesta: feminismos postgénero y transidentidad sexual”

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«Hora es ya de alumbrar un nuevo feminismo postgénero capaz de prescindir de sus dictados. Ese es el reto del presente para el cual ofrezco las reflexiones de las páginas que siguen».

La mujer molesta, de Rosa María Rodríguez Magda, filósofa y escritora, es un ensayo sobre el sujeto de feminismo, sobre las identidades que se diluyen y las fuerzas que hacen que el feminismo se convierta en un sopa de siglas sin un rumbo claro. Un texto que pretende incentivar el debate, sin miedo a la polémica, sobre hacia dónde ha de ir el feminismo y cuáles son los conceptos que se han de poner en valor en esta nueva ola. Un feminismo postgénero.

Rosa María nos demuestra, una vez más, una gran lucidez y capacidad para hacer comprensible aquello que puede resultar complejo a nivel terminológico y abstractivo, pero sin vaciar de contenido una reflexión necesaria en tiempos en los que resulta difícil asentar ciertos conceptos diluidos, pero imprescindibles, para poder construir una sociedad feminista.

Las mujeres siempre hemos sido molestas para las sociedades tradicionales, en la vida pública, en la cultura, incluso en la familia. Una misoginia ancestral nos acompaña, de forma más sibilina en la actualidad debido a nuestra actitud persistente de seguir reclamando nuestros derechos y de hacernos visibles. El sujeto-mujer ha pasado a convertirse también en algo molesto para ciertas corrientes del feminismo: se declara caduco, eurocéntrico, heteronormativo, un arcaico reducto esencialista en la diversidad sexual.

Este libro es una reivindicación de esa mujer molesta, del «nosotras, las mujeres» como colectivo necesario. En él se analizan las corrientes más actuales del feminismo y conceptos como identidad, género, modelo trans, transidentidad, diversidad…, para rastrear sus utilizaciones regresivas y las sutiles trampas ante las que no podemos sucumbir. Frente a quienes pretenden recluir a las mujeres en una abnegada complementariedad, pero también frente a quienes nos difuminan en la proliferación de los  géneros, elevamos la voz para afirmar que vamos a seguir siendo molestas ante cualquier maniobra de borrado.

Un texto imprescindible para pensar el feminismo hoy.

“Maldita Helena”, de Daniel Tubau

Carro de Compra

Helena es quizá el personaje que más se parece al inquieto Ulises, aunque de ella sabemos mucho menos que del astuto guerrero que da su nombre a la Odisea. Pero esta Helena de muchas formas, cambiante en la voz de cada poeta, dramaturgo o filósofo nos sigue fascinando precisamente porque no se deja atrapar en una única definición, en un retrato inmóvil y, por lo tanto, sin vida.

Daniel Tubau nos acerca en Maldita Helena a este fascinante personaje admirado y odiado por poetas, dramaturgos, filósofos y eruditos, que la han considerado el símbolo de la belleza y la pasión, pero que también la han acusado de adúltera, traidora a su patria y causante de una guerra espantosa. Con maestría, haciendo patente su capacidad de evocar y conectar referencias que parecen alejadas, Tubau nos invita a visitar decenas de lugares (porque Helena no solo estuvo en Troya y en Esparta), descubriendo en el camino las diferencias entre los mitos, obras, discursos políticos, diatribas filosóficas y comedias o tragedias en las que ha aparecido Helena. Eso sí, en vez de limitarse a mostrar la influencia del personaje en la literatura, el arte, la filosofía o el teatro, Tubau se propone algo muy diferente: rescatar, a partir de todas esas huellas históricas, los rasgos originales de un mito antiquísimo.

Maldita Helena se aleja de la imagen estereotipada y nos muestra los matices y la riqueza de una de las grandes protagonistas de la cultura grecolatina, combinando la mitología con todo tipo de materias, porque la figura de Helena que nos presenta Tubau no es una pieza de museo que admirar, sino un estímulo para pensar acerca de las antiguas y eternas cosas que nos revelan los mitos, como el amor y la pasión, el odio y la guerra, la búsqueda de la belleza o la curiosidad insaciable. Tubau evidencia un profundo conocimiento de la materia, que va más allá de la mera recreación histórica, para proponernos un diálogo que nos permite comprender la complejidad de una personalidad contradictoria pero siempre fascinante como es Helena.

Helena, la maldita Helena, aquella por la que Paris perdió, diosa mediante, la cabeza. Helena, siempre Helena. Helena, la que fue defendida por Gorgias. Helena, la que traicionó a Menelao. Helena, la que enumeraba los héroes a Homero. Maldita Helena. Helena, hija de Zeus. Helena, hermana de los Dioscuros. Helena, siempre y casi nunca Helena. Helena, la maldita. Helena de Troya. Helena, solo ella, Helena sin hombres.

“El misterio de la isla de Pascua”, de Katherine Routledge

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Publicada por primera vez en 1919, el pormenorizado diario del viaje que Katherine Routledge y su marido realizaron en 1914 con fines de investigación a la isla de Pascua, Sudamérica y la Patagonia no tardó en revelarse clave para el avance de muchas teorías sociales, culturales y antropológicas relacionadas con la isla.

Esta intrépida aventurera logró recopilar al menos cien años de la historia oral de Rapa Nui a través de escritos, fotografías, dibujos, listas de vocabulario, mapas y árboles genealógicos. Sin su intervención, gran parte del conocimiento sobre los ritos de los antiguos habitantes del «ombligo del mundo» se habría perdido para siempre. Routledge y sus compañeros del Mana exploraron las cuevas secretas, las antiguas ruinas y las extrañas estatuas gigantes de la isla. Pero si bien estos emblemáticos colosos de piedra constituían el interés inicial de aquella expedición, poco a poco este fue derivando hacia los propios nativos y la memoria viva de sus leyendas, mitos y tradiciones, que transmitían por tradición oral.

Según los aborígenes que recibieron al pequeño navío inglés, aquella mujer de pelo rubio y ojos claros era poseedora del «mana», el don sobrenatural que de acuerdo a sus creencias está presente en rocas, plantas, animales y seres humanos. Aunque hablaba solo un poco de español y desconocía el idioma autóctono, su capacidad de escuchar y su inusitado interés por indagar en la tradición pascuense y preservarla le valió el respeto de los habitantes de la isla. El libro que publicó narrando su experiencia bajo el título The Mystery of Easter Island: The Story of an Expedition seguía la estela de las más famosas novelas de aventuras en alta mar y tuvo mucho éxito de público debido precisamente a este motivo. La autora aseguró que escribiría una segunda parte más centrada en el aspecto científico pero no llegó a hacerlo nunca.

Katherine Pease nació en 1866 en Darlington, Inglaterra. Quien sería más tarde una conocida exploradora y antropóloga de África y Polinesia creció en un ambiente cerrado y opresivo para las mujeres, en una época en que el conocimiento académico, además, les estaba vedado. De brillante inteligencia,  desafió el orden establecido y se convirtió en una de las primeras mujeres que estudiaron en Oxford. Cursó la carrera de Historia y allí conoció a su futuro marido, William Routledge, médico, etnógrafo y antropólogo. Ambos emprendieron una vida aventurera en la que los viajes para estudiar tribus autóctonas serían su prioridad. En una primera etapa en África, Katherine se convirtió en la primera mujer blanca que asistía a los rituales iniciáticos de los kikuyus, realizó sus primeros trabajos de campo y recopiló leyendas, costumbres y creencias religiosas en un libro que se publicó en 1910 con el título With a prehistoric people (Con gente prehistórica). Esa experiencia le resultaría vital para sus posteriores investigaciones en la isla de Pascua, objetivo que fijaron para el año 1914. Con esta intención construyeron una goleta de veintisiete metros de eslora a la que bautizaron con el nombre de Mana, la palabra que los nativos del lugar usaban para referirse al espíritu o poder sobrenatural que actúa sobre todas las cosas. Desgraciadamente, poco después del regreso de la exitosa expedición, Katherine desarrolló una esquizofrenia grave que derivó en paranoia delirante. Su padre y su hermano también padecieron esta enfermedad, pero su familia culpó a Angata, una hechicera a la que conoció en Rapa Nui, y a la afición a la moda espiritista que había practicado en Oxford durante sus años de estudiante. En cualquier caso, la dolencia fue creciendo y en 1929 Katherine tuvo que ser recluida en un hospital, donde murió en 1935.

 

Precio: desde 5,99€

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SINOPSISLA AUTORADATOS FORMATO FÍSICO

Esta intrépida aventurera logró recopilar al menos cien años de la historia oral de Rapa Nui a través de escritos, fotografías, dibujos, listas de vocabulario, mapas y árboles genealógicos. Sin su intervención, gran parte del conocimiento sobre los ritos de los antiguos habitantes del «ombligo del mundo» se habría perdido para siempre. Routledge y sus compañeros del Mana exploraron las cuevas secretas, las antiguas ruinas y las extrañas estatuas gigantes de la isla. Pero si bien estos emblemáticos colosos de piedra constituían el interés inicial de aquella expedición, poco a poco este fue derivando hacia los propios nativos y la memoria viva de sus leyendas, mitos y tradiciones, que transmitían por tradición oral.

Edición con imágenes del viaje e ilustraciones.

Katherine Pease nació en 1866 en Darlington, Inglaterra. Quien sería más tarde una conocida exploradora y antropóloga de África y Polinesia creció en un ambiente cerrado y opresivo para las mujeres, en una época en que el conocimiento académico, además, les estaba vedado. De brillante inteligencia, desafió el orden establecido y se convirtió en una de las primeras mujeres que estudiaron en Oxford. Cursó la carrera de Historia y allí conoció a su futuro marido, William Routledge, médico, etnógrafo y antropólogo. Ambos emprendieron una vida aventurera en la que los viajes para estudiar tribus autóctonas serían su prioridad. En una primera etapa en África, Katherine se convirtió en la primera mujer blanca que asistía a los rituales iniciáticos de los kikuyus, realizó sus primeros trabajos de campo y recopiló leyendas, costumbres y creencias religiosas en un libro que se publicó en 1910 con el título With a prehistoric people (Con gente prehistórica). Esa experiencia le resultaría vital para sus posteriores investigaciones en la isla de Pascua, objetivo que fijaron para el año 1914. Con esta intención construyeron una goleta de veintisiete metros de eslora a la que bautizaron con el nombre de Mana, la palabra que los nativos del lugar usaban para referirse al espíritu o poder sobrenatural que actúa sobre todas las cosas. Desgraciadamente, poco después del regreso de la exitosa expedición, Katherine desarrolló una esquizofrenia grave que derivó en paranoia delirante. Su padre y su hermano también padecieron esta enfermedad, pero su familia culpó a Angata, una hechicera a la que conoció en Rapa Nui, y a la afición a la moda espiritista que había practicado en Oxford durante sus años de estudiante. En cualquier caso, la dolencia fue creciendo y en 1929 Katherine tuvo que ser recluida en un hospital, donde murió en 1935.

  • Fecha: mayo de 2019
  • Colección: Olvidadas
  • Más datos:
    • 614 págs.
    • 21x14 cm.
  • ISBN: 978-84-120458-4-0

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