El Cádiz de La Pensadora Gaditana: mujeres, periodismo y libertad de expresión

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Mapa de Cádiz en el siglo XVIII
CADIZ (Provincia). Parcial. Mapas generales. 1:120000. 1760. Carta Geographica, o Mapa General de los Pueblos, Montes, y sus Pral.es arboledas y extenciones, Justicias, Guardas q. los custodian, Vecindarios, Matriculads y Embarcacs, q compren.n la Prov.a de Marina de S.n Lucar de Barrameda segun la inspec.n del año 1754, una d las que compo.n la Ynten.a G.l, d Cadiz / Execu.do c.n R.l apron p.r e.l Yng.ro Ext.rio, d. S, M, D.n Jph. Espelius. 1 mapa : ms., col. ; 93,5 x 72 cm en h. de 109,5 x 119 cm. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Biblioteca Nacional (Madrid). Mr/42/348 . IECA1988015082

Empecemos por el principio, por quién fue La Pensadora Gaditana o más bien qué fue. Se trata de una publicación periódica dirigida y escrita por una mujer entre 1763 y 1764 en el que, durante un año, compartió semanalmente y con libertad consejos y pensamientos sobre la sociedad del momento. Nacida como reacción a los textos de El Pensador (Madrid) de José Clavijo y Fajardo, llegó a tener, también, alcance más allá de su Cádiz natal.

Cádiz. Siglo XVIII. Posemos la mirada en esa localización geográfica. Nos ubicamos en la ciudad-puerto, la que tenía el monopolio del comercio con América y que había atraído a multitud de comerciantes, banqueros y hombres de negocios. Una ciudad que casi triplicó supoblación a lo largo del siglo, pasando de unos 30.000 habitantes a casi  90.000, sin contar los temporales, al final del mismo.

Cádiz, la urbe cosmopolita que contó con importantes colonias de extranjeros procedentes de Italia, Francia y las regiones flamencas. No es de extrañar que fuera uno de los principales lugares elegidos por las compañías comerciales más destacadas para erigir una de sus sedes posibilitando la creación de una sociedad burguesa, liberal y revolucionaria. 

La ciudad será también un gran escenario cultural, con su nueva catedral en construcción, sus emergentes cafés, sus tertulias, sus teatros y su amplio número de publicaciones. Ese Cádiz de la
Ilustración, del surgir del periodismo y el germen de aquella rebeldía ante injerencias externas y frontalmente contraria al absolutismo. Todo un bullicio de nuevas ideas, de libertad y liberación. 

En este contexto, que hoy conocemos como la Edad de Oro del Periodismo, nacieron multitud de cabeceras de todo tipo. Este auge generalizado de la prensa periódica se produce por el fuerte interés lector y reflexivo, pero también por la adopción de una serie de medidas del gobierno en relación con la imprenta y el libro. Así, entre los años 1762 y 1764 se eliminará la tasa, se ordenará que el privilegio exclusivo para la impresión sólo pueda concederse al autor del libro y se aprobará el carácter hereditario de los derechos adquiridos por los autores. 

Todo esto posibilitará una prensa que se presenta como un instrumento de cambio, un impulsor de los nuevos discursos en torno a las capacidades de la mujer y los nuevos espacios que se le abren.  Lejos de lo que se pueda pensar Beatriz Cienfuegos es un ejemplo de entre las muchas firmas femeninas que podemos encontrar en la prensa del siglo XVIII.  Ya fueran mujeres reales o ficticias lo destacable es la frecuente presencia de las mujeres en las páginas periodísticas, y ocupando un lugar muy alejado al de simples espectadoras. No debemos olvidar los ecos ilustrados que están calando en nuestro país ni que los feminismos aparecen históricamente vinculados a las Ilustraciones. España no es una excepción y citando a Celia Amorós, en España tuvimos un feminismo tímido en el ámbito europeo, pero no por ello menos relevante si lo comparamos con Francia. O con Inglaterra, de donde también llegan las publicaciones de The Spectator con su pionero costumbrismo social y que tanto calan en cabeceras como La Pensadora Gaditana.

Los pensamientos de Beatriz Cienfuegos son dignos hijos de su tiempo, con una fuerte dimensión crítica que recoge las ideas ilustradas que imperan en los cafés gaditanos y las tertulias de todo el país
procedentes de más allá de sus fronteras. 

Beatriz recoge el testigo de El Pensil Gaditano (1856), de María Josefa Zapata y Margarita Pérez de Celis, con reivindicaciones contundentes para con la mujer por parte de una mujer. Critica abiertamente a su sociedad, esa que relega a la mujer a un segundo plano únicamente por el hecho de serlo. Y dejará también un legado propio, reivindicativo, de tono atrevido, que años después resuena en La Pensatriz Salmantina (1777).

Autora: Yoly


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