«El misterio de la isla de Pascua», de Katherine Routledge

Publicada por primera vez en 1919, el pormenorizado diario del viaje que Katherine Routledge y su marido realizaron en 1914 con fines de investigación a la isla de Pascua, Sudamérica y la Patagonia no tardó en revelarse clave para el avance de muchas teorías sociales, culturales y antropológicas relacionadas con la isla.

Esta intrépida aventurera logró recopilar al menos cien años de la historia oral de Rapa Nui a través de escritos, fotografías, dibujos, listas de vocabulario, mapas y árboles genealógicos. Sin su intervención, gran parte del conocimiento sobre los ritos de los antiguos habitantes del «ombligo del mundo» se habría perdido para siempre. Routledge y sus compañeros del Mana exploraron las cuevas secretas, las antiguas ruinas y las extrañas estatuas gigantes de la isla. Pero si bien estos emblemáticos colosos de piedra constituían el interés inicial de aquella expedición, poco a poco este fue derivando hacia los propios nativos y la memoria viva de sus leyendas, mitos y tradiciones, que transmitían por tradición oral.

Según los aborígenes que recibieron al pequeño navío inglés, aquella mujer de pelo rubio y ojos claros era poseedora del «mana», el don sobrenatural que de acuerdo a sus creencias está presente en rocas, plantas, animales y seres humanos. Aunque hablaba solo un poco de español y desconocía el idioma autóctono, su capacidad de escuchar y su inusitado interés por indagar en la tradición pascuense y preservarla le valió el respeto de los habitantes de la isla. El libro que publicó narrando su experiencia bajo el título The Mystery of Easter Island: The Story of an Expedition seguía la estela de las más famosas novelas de aventuras en alta mar y tuvo mucho éxito de público debido precisamente a este motivo. La autora aseguró que escribiría una segunda parte más centrada en el aspecto científico pero no llegó a hacerlo nunca.

Katherine Pease nació en 1866 en Darlington, Inglaterra. Quien sería más tarde una conocida exploradora y antropóloga de África y Polinesia creció en un ambiente cerrado y opresivo para las mujeres, en una época en que el conocimiento académico, además, les estaba vedado. De brillante inteligencia,  desafió el orden establecido y se convirtió en una de las primeras mujeres que estudiaron en Oxford. Cursó la carrera de Historia y allí conoció a su futuro marido, William Routledge, médico, etnógrafo y antropólogo. Ambos emprendieron una vida aventurera en la que los viajes para estudiar tribus autóctonas serían su prioridad. En una primera etapa en África, Katherine se convirtió en la primera mujer blanca que asistía a los rituales iniciáticos de los kikuyus, realizó sus primeros trabajos de campo y recopiló leyendas, costumbres y creencias religiosas en un libro que se publicó en 1910 con el título With a prehistoric people (Con gente prehistórica). Esa experiencia le resultaría vital para sus posteriores investigaciones en la isla de Pascua, objetivo que fijaron para el año 1914. Con esta intención construyeron una goleta de veintisiete metros de eslora a la que bautizaron con el nombre de Mana, la palabra que los nativos del lugar usaban para referirse al espíritu o poder sobrenatural que actúa sobre todas las cosas. Desgraciadamente, poco después del regreso de la exitosa expedición, Katherine desarrolló una esquizofrenia grave que derivó en paranoia delirante. Su padre y su hermano también padecieron esta enfermedad, pero su familia culpó a Angata, una hechicera a la que conoció en Rapa Nui, y a la afición a la moda espiritista que había practicado en Oxford durante sus años de estudiante. En cualquier caso, la dolencia fue creciendo y en 1929 Katherine tuvo que ser recluida en un hospital, donde murió en 1935.

 

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