GRACIAS POR ESCUCHAR – Mariana Gónzalez

Descarga PDF del relato


Gabriel nunca fue atento, siempre recibía regaños de su mamá cuando perdía los colores en el Jardín de niños. Su padre le jalaba las orejas cuando resolvía los ejercicios de matemáticas de manera errónea, a pesar de haberlos estudiado una y otra vez. Esa extraña falta de atención, lo persiguió hasta su vida adulta, cuando desistió de la universidad y se dedicó completamente a ganar dinero en un call center. Ahí conoció a Victoria “del piso 3”, una chica de estatura media, cabello hasta los hombros con un tinte rojo cereza, usaba un discreto maquillaje en los ojos, pero su boca se iluminaba de intenso carmesí.

La misma rutina los hizo congeniar frecuentemente a la hora de la comida. La convivencia de 8 horas al día y la falta de relación con otras personas que no fueran de trabajo, los volvió más cercanos, no como amigos ni novios; más bien como aquello que no se puede nombrar. Han salido escasas veces de las cuales solo intentaron ver películas y han tenido sexo de manera vigorosa, siempre en la casa de él.

La falta de atención de Gabriel, ha limitado su relación con otras mujeres, perdió la virginidad a los 14, pero jamás ha tenido una novia. Cuando no está con Victoria, su imagen no aparece en ninguna manifestación cotidiana.

Gabriel regresaba de una comida familiar. En cuanto cruzó la entrada, recibió un mensaje de texto de Victoria —Creo que necesito un amigo—. Él contesto con toda la disposición de ayudar, pues ambos vivían en colonias muy cercanas, no sabía de lo que se trataba hasta que recibió un mensaje que decía —¿Puedo llamarte?—.

Gabriel asintió al tratarse de una emergencia. Victoria lloraba intensamente como a quienes la vida les amarra el corazón y se lo estrujan de un tajo. Su voz estaba quebrada, pero transpiraba un olor etílico que podía percibirse desde la bocina del teléfono, arrastraba las palabras y eso hacía un poco ilegible su dicción.

Gabriel fue a la cocina a destapar una cerveza y empezó a escuchar con atención.

Victoria lloraba desconsoladamente, el dolor y el alcohol no le permitía pensar correctamente, ella fue a la fiesta de sus ex compañeros de preparatoria, al menos eso alcanzó a escuchar Gabriel antes de la digresión que tuvo al ver el recibo de la luz, estaba angustiándose acerca de cuántos días le quedaban antes de que se la cortaran.

Victoria perdió la cuenta de los tragos que llevaba, antes de quedarse dormida; una de sus amigas la asistió para dormirse en el cuarto del anfitrión, en ese momento las luces y la música cesaron, la penumbra se volvió invasiva; no pudo ver nada ni escuchar nada, sentía sus latidos y las pulsaciones de una futura resaca. Gabriel replicaba con monosílabos para demostrar que estaba prestando atención a la “emergencia” de Victoria.

Victoria volvió a llorar, le dijo que alguien entró al cuarto, se acercó a ella y la besó de forma tosca y húmeda, la tomó con fuerza por las mejillas, pero ella estaba tan borracha que se dejó ir. La noche pasó y ella despertó con una terrible resaca, acompañada de un dolor en la pelvis, ni en la llamada pudo dilucidar que sucedió ¿cuál era el rostro que engendró esa incomodidad? Gabriel enmudeció, era el único momento donde colocó sus sentidos. Tragó saliva y solo pudo decir —No llores, todo estará bien. Las cosas pasan. Y lo bueno es eso, solo pasan—.

Se quedaron sin palabras, mientras ella gimoteaba demostrando una gran tristeza. Él le recomendó que tomara un baño y un té, puesto que es algo que su madre le ha dicho para cultivar la tranquilidad en momentos de crisis.

La llamada duró poco. Ella detectó una falta de interés y palabras carentes de calidez por parte de Gabriel, empezó a sentir culpa y decidió cortar la llamada con una mentira piadosa —Gracias por escuchar, creo que necesito tranquilizarme, dormir—.  Él por su parte le contestó —Cuando gustes—. Y colgaron.

Gabriel contempló la nada por unos segundos, miró su teléfono y bloqueó el número de Victoria, no porque otro hombre la tocó, sino por el hecho de que no puede ayudarla. Los días siguientes se siguieron topando en los pasillos, pero no volvieron a hablarse, ningún día. A Victoria se le acabaron las palabras.

2 commentarios

  1. Ros Vega dice:

    Mariana González este es un relato sin lugar a dudas maravilloso y reflexivo!!!! Me hace reafirmar el valor de los padres de familia sobre la importancia de escuchar mas a nuestros hijos. Es un grito de ayuda de nuestros jovenes.
    Felicidades!!!!! Deseo sigas compartiendonos mas relatos. GRACIAS MARIANA!!!!!

  2. Yuls dice:

    Me encanto!!!

    Gracias

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ménades Editorial te informa de que los datos de carácter personal que nos proporciones rellenando el presente formulario serán tratados por Ménades Editorial, S.L. como responsable de esta web. La finalidad de la recogida y tratamiento de los datos personales que te solicitamos (nombre y correo electrónico) es únicamente gestionar los comentarios que realices en este blog y jamás serán compartidos con terceros (salvo requerimiento legal). Legitimación: Al marcar la casilla de aceptación estás dando tu legítimo consentimiento para que tus datos sean tratados conforme a las finalidades de este formulario descritas en la política de privacidad. Como usuario e interesado te informamos de que los datos que nos facilitas estarán ubicados en los servidores de Factoría Digital (proveedor de hosting de Ménades Editorial) dentro de la UE. Ver política de privacidad de Factoría Digital. Podrás ejercer tus derechos de acceso, rectificación, limitación y suprimir los datos en editorialmenades@gmail.com, así como el derecho a presentar una reclamación ante una autoridad de control.