LAPSUS – Leyre F. Itarte

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Estoy tumbada en la cama. Te veo de pie contra el borde del colchón, te cuesta desabrocharte el sujetador. Lo cierto es que no me importa. Te ríes nerviosa y cuando por fin te liberas de él, te tiras a la cama de un salto limpio. Me caes encima, has clavado una rodilla en mis costillas. Lo cierto es que sigue sin importarme. Me estás besando, ardiente. Muerdes mi labio mientras agarras con una mano mi pecho y con la otra tratas de bajarme las bragas. Noto la humedad que desatas en mi cuerpo y te sujeto contra mí abrazando tu espalda. Noto tus labios, suaves y tersos. Ahora los besos comienzan a bajar por mi cuello. El sol del verano entra por la ventana abierta e ilumina tu pelo. Paras. Te has sentado a horcajadas sobre mis caderas. La luz se refleja entre dorados y azules en tus ojos y tu cabello. Tienes la piel morena. Pienso que nada puede ser más bello que tú. Te retiras un mechón que cruza tu frente y observo tus manos. Mierda, las uñas. Tienes las uñas largas. Me acuerdo de una película porno que vi una vez, ¿cómo pueden follar con esas manicuras? A ver, no puede ser muy agradable al tacto. ¿Y los acrílicos? No creo que los hayan testado para saber si son vagina friendly. Ay, Dios mío. Pero, ¿por qué llevas las uñas largas? Voy a dejar de pensar.

—¿Qué te pasa?

—Nada, nada. Sigue.

Me sonríes relajada y acaricias mi mentón. Me besas de nuevo y en ese beso he perdido el aliento, la noción y la ropa interior; que ahora se confunde entre las sábanas. Me abres las piernas con un movimiento suave. Juntamos nuestras vulvas y noto como el calor de la sangre recorre mi cuerpo. Te balanceas, rítmica, sobre mí. Te noto, te siento, te veo. Tu mirada pícara cae sobre mi cuerpo y desciendes con tu boca hasta mi sexo. Estoy al borde del infarto; ¿cómo llamaban los franceses al orgasmo? La petit mort. Mi mente recrea mil escenarios y no estoy en ninguno. Estoy aquí. Estoy en ti. Estoy a punto… Mierda, me has metido los dedos. Las uñas, las putas uñas. ¿Qué hago, me quejo o me callo? Me callo. Otra vez me acuerdo de la dichosa película. Esas tías no eran lesbianas ni de coña. Bueno va, deja de pensar. Noto un poco de inquietud en tu rostro. Te digo que vayas más despacio y que no me gusta mucho con los dedos. «Vale», me susurras con una sonrisa. Volvemos a fundirnos entre caricias y latidos.

Mucho rato después nos hemos medio vestido. He preparado café y el olor inunda la casa. Estás sentada en mi cama, tienes las rodillas dobladas contra el pecho y solo llevas el culotte y una camiseta ancha. Te conozco de hace poco, pero viéndote así, desde la distancia, con la brisa de verano y el aroma del café tostado, pienso que no quisiera estar en ningún otro sitio. No obstante, por favor, córtate las uñas.

Un comentario

  1. Lore dice:

    Me gusto el relato describiendo una relación lesbica, está muy bien para salir del molde las relaciones heterosexuales 😉

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