ORGASMIA EN FLORA – Nicole Scavino

Descarga PDF del relato


 

Cierro el libro, cierro las piernas. Recurro a los espacios entre mis dedos para recoger el cabello con síntoma de mirar hacia arriba: Techos con forma de A, adecuados para la lluvia, y el estrepitar de la que baña mis ojos al observar tras las persianas que recubren el hogar… «Si la lluvia toca mi cuerpo, me siento superior al tiempo, al dolor», solía pensar. Hacía un mes, deseé serme de un cuerpo, de una piel feroz, encarnar mis uñas en palidez con nombre propio. Ahora solo me quedan las piernas cerradas porque he terminado el libro. Si miro tras los hilos que conforman las telas, hay luz y un rincón de oscuridad. También hay plantas aflorando el suelo, son verdísimas y elevo las palmas sin perderme la pupila de ellas. Puedo tocar las plantas sin salir de esta pieza. Esta habitación me ha quedado grande. Mis cabellos que yacen en el suelo se sienten pequeños, mi cuerpo es diminuto comparado a los árboles que la constituyen. Constituir es una fuerza grave de palabra. Sin embargo, es así. Llueve, me siento compuesta, por ser una raíz estéril y forzada de lenguajes precarios, de sueños largos y vidas breves.

Quiero recordar aquella situación: el sentir del mar en mis pulmones, la arena llena de conchas, te vi. Qué superficial es la memoria, recuerda lo que le conviene. Recuerda lo que he olvidado, y solo en los sueños y en viajes emergen. Tu nombre posee resonancia en mi pensamiento, en la historia de mi género. Harta de la sistematización de lo preestablecido y razones biológicas. Me enfoco en sentir tu impetuosidad. Huyo al bosque para sentir mi cuerpo en ti. Procrastinaré el goce de mis dedos al pasar páginas amarillas y frecuentadas por rayos de sol porque es mi momento. Es momento de hacer de mi cuerpo el sentir de la piel que recubre mis dedos y mis paredes sensibles al tacto. Mientras observo hacia arriba los eucaliptos cada vez que entrecierro la visión, estás ahí; voluntaria a la fricción de tierra húmeda y cuerpo empapado de sudoración. El placer del fluido temperado. «Siéntete», me dices. Y comprendo que en ese último grito nuestro entre madreselvas, araucarias y párpados adormecidos, el sentirme viva no es solo la alevosía del cuerpo físico. En mi ser, hay sangre que se halla recorriendo mis paredes rebosantes de dolor en placer y recubriéndote, tierra mojada.

Su canto como aves migratorias que vienen y se van del Sur. Aquí es tibio cuando hay fogata, y no existe el vértigo cuando llega la ansiedad de la oscuridad. Rehúyo de la muerte de las palabras que se agotaron en los canales del tiempo. De su escritura, me quedan los libros que atesoro con mis piernas y abrazo con mi vientre sin vida, mis ojos fríos como la nieve de la Patagonia. Estoy recurriendo a la transparencia, y aun así, me dejo en los balcones con cigarrillos no encendidos, comprados antes del enclaustre porque no llego a ser yo. «¿Quién soy yo misma?» Si no soy más que pieles y sangres y huesos, y sensibilidades posteriores. «¿Qué hago de mis memorias?» No hay más pesadilla horrenda de anoche que huesos rotos y huidas tardías. Tengo miedo de la adopción de la profundidad de mi interior: Saber de la muerte por experiencia, me aterra pensar en ti. No podría dejarte ingresar a mi hogar. «Mi agonía es que no me dejes vivir en ti». Se lo he prohibido. «Has notado la suavidad de las verduras cocidas, ese vapor flameante para darle calor al cuerpo. No lo habría imaginado sin ti. Si no me parara a pensar al abrir la puerta, y solo permanecer erguida y sostenida por las piernas que me dan soporte. Me hablaste de la vida por la sangre. Te he contado que no la busco ni la quiero. Has asentido. Fue cuando tuvimos la plática del placer propio. Estoy diseminada a la tierra que pertenezco a la vez que cierro el libro y las piernas cuando concluyo las palabras de ellas: las mujeres que me educan. ¿Recuerdas el día soleado que te confesé que lloraba después de terminar las historias de ellas. Y era tanto el dolor que necesitaba escribir para recordarlas? Lo dijiste en lenguaje metódico en calma natural: Estás diseminada a la tierra, a ellas y su poesía». Estoy diseminada en dos tiempos. Ahora flamea la ropa recién lavada, ese aroma hipócrita porque no eres tú.

Toco las líneas blancas recién nacientes en mis piernas y el abdomen blando, la sangre todavía no cae sobre mis manos. Duele más conocer tu dolor, esa proliferada destrucción. «¿Será la dormitación de mi sangre la imploración de hacerme más gozosa? Cada vez duele más. No pienso más allá del dolor». Pienso solemnemente en la siempre idea de llevar un vestido por si llega, es parte nuestra: La gravedad de la sangre, el consuelo de ser un poco de ella en el cuerpo extranjero. Era verdad que somos de todas partes porque estás incluso en el rincón estéril de mi hogar. Mi habitación es pequeña comparada contigo, la majestuosidad de tu arte. Mi piel se eriza de dolor, los vellos recortados por la fuerza del viento. Me siento sola. «Ven», dices. Alzo las cortinas que aguardan a los ventanales, socavo las manijas y las libero. Abro las puertas del hogar. Cierro el libro, cierro las piernas. Y es tu abrazo el amor que conozco. Soy grieta viva, y es tu compañía la que me mantiene bizarra.

Melancólica la percibí, la mujer que levantó la mano con sentido de saludo y alegría. Ese cariño confesionario de extrañas que se conocen. Eso fue hace tanto tiempo, no sé de la edad ni de rostros. Pero sí, de hojas verdes grandes como la selva majestuosa e inhóspita. Estoy desnuda caminando entre la tierra mojada, dándole libertad a mi rostro de sentir el agua dulce, la relatividad con la que ella se recupera.

Me he reconocido cuando has estado conmigo, naturaleza.

Un comentario

  1. Mart Tim dice:

    Me gustó!!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ménades Editorial te informa de que los datos de carácter personal que nos proporciones rellenando el presente formulario serán tratados por Ménades Editorial, S.L. como responsable de esta web. La finalidad de la recogida y tratamiento de los datos personales que te solicitamos (nombre y correo electrónico) es únicamente gestionar los comentarios que realices en este blog y jamás serán compartidos con terceros (salvo requerimiento legal). Legitimación: Al marcar la casilla de aceptación estás dando tu legítimo consentimiento para que tus datos sean tratados conforme a las finalidades de este formulario descritas en la política de privacidad. Como usuario e interesado te informamos de que los datos que nos facilitas estarán ubicados en los servidores de Factoría Digital (proveedor de hosting de Ménades Editorial) dentro de la UE. Ver política de privacidad de Factoría Digital. Podrás ejercer tus derechos de acceso, rectificación, limitación y suprimir los datos en editorialmenades@gmail.com, así como el derecho a presentar una reclamación ante una autoridad de control.