“Tiempo roto”, de Margot Chamorro

«… entonces ya nada fue igual. El tiempo se rompió en dos, uno fue el de antes de la guerra, y el otro fue el de después».

Sigue viva entre nosotros la memoria de la Guerra Civil, y también la de los largos y crueles años de la posguerra; una época gris y amarga, sobre todo para quienes tuvieron que ver cómo sus ideales quedaban aplastados. Ese es el tiempo roto del que Margot Chamoro nos habla en este emotivo libro, un relato testimonial en el que la autora evoca el recuerdo de su infancia vivida en una familia de los vencidos, que, con su apasionada sinceridad, nos llega directamente al corazón.

 

«Dame tu mano. Juntos vamos a recorrer el camino de mi infancia. Me gustaría que esto que te voy a contar fuese como un libro de estampas, y que al pasarlas una a una pudieras formarte una idea de cómo éramos los niños de entonces. Aquellos niños que aprendimos a cantar el «Cara al sol», con aquello de… volverá a reír la primavera, cuando teníamos por delante un tiempo de invierno tan largo… »

 

A Margot Chamorro, desde muy pequeña, le gustaba observar todo lo que le pasaba por delante de los ojos: las peleas, el barrendero, el callejón, los pajaritos que andaban saltando por la plazuela, el sol, las nubes… Era todo tan hermoso que soñaba con plasmarlo, pero estaban viviendo la guerra del año 36, y no tenía pinturas, ni lápices, ni tan siquiera un trozo de papel. A pesar de ello, ella iba a la plaza de Calatrava y buscaba en la basura pequeños trozos de teja con los que dejaba grabadas en el suelo sus fantasías. En invierno la lluvia las borraba, pero, obstinada, las pintaba una y otra vez.
De mayor, fue a la academia Cid a estudiar dibujo, que luego le sirvió para ponerse a trabajar. De la mano de su profesor leyó aquel libro, Chiquillos, de William Saroyan, que la impulsó a poner por escrito todo lo que había vivido. Así nació este, su primer libro. Escribió además narrativa, teatro, artículos, cuentos y poesía infantil y adulta, colaborando en ediciones colectivas, periódicos y revistas, y ejerciendo de cuentacuentos. También pintó óleos y acuarelas que expuso en el Parador Nacional de Tui.

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