TONY – Arancha Sanz

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Te obligas a ponerte la falda de cuero que solo te abrocha si contienes la respiración, la blusa semitransparente sobre el sujetador negro, el pintalabios granate que añade volumen a tus labios finos. Te ha costado mucho quitarte el pijama, pero no puedes seguir obsesionada con Tony, tiene que haber mundo más allá de él. Esta noche, en el speed dating, vas a conocer a alguien que te lleve más allá del Barrio del Pilar, que no te monte un numerito cada vez que sales de casa, que se emborrache y baile y folle contigo hasta el amanecer. Aunque ahora mismo eches de menos el tacto de la franela.

Pides un bourbon con mucho hielo, le pegas un par de tragos fuertes y acaramelados antes de que suene la campana. Todos a sus puestos, todas a sus puestos. Delante de ti, una hilera de mesas de madera desgastada numeradas del 1 al 20. Ahora solo somos eso, números. No te olvides tu copa. Cuando aparezca el tío ideal sorbe despacio y mírale a los ojos para que sepa que es el elegido.

Te toca la mesa 7. Nada más sentarte, la falda se te encoge hasta las bragas, los muslos se te pegan a la silla, pronto empezarán a sudar. Un arquitecto tan alto como sus edificios toma asiento enfrente de ti. Acostumbrada a hablar solo con Tony, al principio te cuesta un poco romper el hielo. Menos mal que él se encarga de hacerlo por ti. Apasionante, el tardomodernismo y el estilo high tech. Mario tiene unas enormes manos que juguetean torpemente con su coca cola mientras te mira las tetas de reojo. No necesita alcohol para reconocer que busca a alguien para matrimonio, probablemente por segunda vez. Eso indican las bolsas que se le forman debajo de sus ojos cansados. Piensas en los ojos negro brillante de Tony, te dicen que no necesitas el cuero y el carmín para ser hermosa, que no eres el segundo plato de nadie.

¡Siguiente! Aprovechas el cambio para colocarte la falda. Tienes el entremuslo empapado y te empieza a escocer. Te encuentras con unos ojos muy distintos a los del arquitecto y a los de Tony. Los de Hugo son verdes como hojas de geranio y se iluminan como gotas de rocío cuando pasan de tu teta izquierda a tu teta derecha. Las dos siguen bien enfundadas en el sujetador negro que las aprieta como una máquina de compresión.

Hugo se rapa la cabeza porque su frente es demasiado ancha y, aunque disfruta de tradiciones como la Feria de Abril, se considera un tipo moderno. ¿Crees en las relaciones abiertas?, pregunta. Le dices que ahora mismo tienes una que es demasiado cerrada. Se echa a reír con una carcajada sonora. Se piensa que es broma… Él podría enseñarte lo que es divertirse y tú, a cambio, solo tendrías que pasar la noche en su finca. Puede valer para un finde loco, aunque no será fácil cambiar la melena sedosa de Tony por una cabeza pelada sin donde agarrar. Ahora podríais estar compartiendo un bol de palomitas humeantes…

La campana suena de nuevo. ¡Esta no te la esperabas! Una rubia platino con mitones de rejilla y sombra de ojos fuxia se presenta como Jade, pero te confiesa que en realidad se llama Inmaculada. Su madre, que es muy religiosa. Acaba de romper con su novio y está buscando cosas nuevas. Será por eso que no aparta la vista del sujetador negro. ¿Cuánto tiempo hace que no follas? Ya ni te acuerdas.

Inmaculada lleva un tatuaje en la muñeca que no ha terminado de cicatrizar, memento mori en letras góticas. Te flipa su pelo y siempre has querido hacerte un tatoo, pero te preguntas si sus besos te harían tantas cosquillas como los de Tony. Empieza por las mejillas, sigue por la nariz y sube hasta la frente hasta recorrer toda tu cara. Inmaculada te apunta su teléfono en una servilleta. Por si acaso.

Solo una cita más para decidir a quién te llevas a casa. A ver cómo reacciona Tony cuando te vea entrar en casa con una persona desconocida.

Meas los dos bourbon que te has bebido y pides un tercero. Llegas tarde al siguiente encuentro, tarde y con la falda arrugada en el culo otra vez. Pero Carlos ni se fija en eso, hace dos minutos que te conoce y ya te está regañando por llegar tarde a vuestro encuentro. Estáis todas muy malacostumbradas a que sea el hombre el que vaya detrás. ¿De qué, si no, te vas a dar el lujo de llegar tarde? Y alarga la mano, el muy cabrón, como si tus tetas tuvieran que deshacer el agravio.

La campana suena por última vez. ¡Justo a tiempo! Todos en fila. Todas en fila. Tienes que escribir en una ficha los nombres de las personas con las que tendrías una cita de verdad. La gente deposita ceremoniosamente su voto en la caja del amor. Tu ficha sigue en blanco. Escribes «Hugo», lo tachas. Luego «Jade». Vuelves a tachar y coges otra ficha.

Entonces, te colocas la blusa semitransparente y descubres una maraña de pelitos negros clavados en ella. Quizá era eso lo que miraban todos o quizá no, pero Tony ha estado aquí todo este tiempo, acompañándote. Y ya lleva demasiadas horas solo. Seguro que te espera impaciente, que moverá su rabito ensortijado en cuanto entres por la puerta y te pedirá que le des un largo paseo nocturno.

Escribes cuatro letras mayúsculas en tu ficha y la depositas en la caja del amor sin pararte a comprobar si Mario, Hugo, Jade Inmaculada o Carlos dejaron caer tu nombre dentro. Sales del bar y te arremangas la falda hasta las axilas para salir corriendo calle abajo. ¿Qué tal está el carlino más guapo del mundo?, le preguntas en cuanto llegas a casa. Tony te contesta con un ladrido de bienvenida.

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