¡Vaya trío! – Elena Salvador

Descarga PDF del relato


Rebosando ilusión, amén de feromonas mil por cada uno de los poros de la piel, cumplí 18 años, (aún me faltaban tres años para la mayoría de edad de entonces), y decidí que era el momento de romper todas las normas injustamente impuestas a las mujeres desde, al menos, la Guerra Civil. Ir virgen al matrimonio era una de ellas, así que me convertí junto con mis amigas del alma en adalides de la liberación de la mujer, cuyos mayores ejemplos habían sido mi madre y mi abuela, para todas nosotras. Reivindicábamos con vehemencia: el orgasmo femenino, la anticoncepción (tanto femenina como masculina), el aborto clínico, el derecho de aparearnos sin imposiciones (ni familiares, ni religiosas, ni afectivas, ni del Estado) y al trabajo, que nos haría libres de ser unas «mantenidas», e incluso el derecho a ser «amas de casa» si nos daba la gana.

Con los ideales de mujeres liberadas en el bolso, salí a la calle un domingo por la mañana después de recoger a mis dos amigas en la puerta de la iglesia, donde habían «oído misa» ante el convincente argumento del cinturón en las costillas o en las nalgas por parte de sus progenitores varones ante una posible negativa. La liberación comenzó a gestarse después de la misa porque lo bueno se hace esperar y nosotras disponíamos de todo el tiempo del mundo para convertirnos en las «Juanas de Arco» del sexo y de las «nuevas mujeres» del S.XX.

Todas las circunstancias positivas se habían confabulado a nuestro favor para que, ese domingo de San Celestino (hasta el nombre del santo acompañaba), tres jovencitas dejasen de ser vírgenes y mártires de la dictadura machista imperante.

Cada una de nosotras teníamos un muchacho que «bebía los vientos» por nuestros cuerpos serranos, nos demostraban cariño, eran educados, agradables y sobre todo deseaban tener sexo con nosotras como si no hubiese mañana. Teníamos el tiempo y la pareja, sólo nos faltaba el lugar y hasta eso nos salió bien. La abuela de Margarita, Dorotea, se había ido al pueblo para varios días y su nieta tenía las llaves del piso con la misión de regar las macetas y cuidar de Delon, el gato, (en honor del actor Alain Delon del que la abuela era muy fan). Así que para allá nos encaminamos las tres. Mientras llegábamos sorteamos las habitaciones, Margarita se quedó con la de su abuela, Adela con la de las visitas y yo con la que ocupó el abuelo Teodoro, (la unión de los nombres de la pareja debió despertar más de un cachondeo), dónde, al parecer, también murió. Siempre he tenido mucha suerte con los sorteos, obviamente.

Esperamos la llegada de los chicos tomándonos unos «cubatas» para celebrar la «heroicidad» que íbamos a consumar poco tiempo después y, sinceramente, tranquilizar a base de alcohol nuestros miedos e inseguridades. Antes de que llegasen quedamos de acuerdo que cuando ellos se marchasen nos contaríamos con todo lujo de detalles «la experiencia».

Y esto fue lo que a cada una nos aconteció:

Margarita y Juan, de 18 años también, comenzaban a desnudarse cuando ella al querer demostrar su soltura en estas lides se bajó el pantalón eróticamente y al ir a quitárselo perdió el equilibrio, pisó al gato y se atizó en la frente con el puñetero adorno metálico de la viejísima cama de su abuela, provocándole una brecha sangrante, con la consiguiente consternación por parte de Juan y la posterior y sigilosa salida de casa de los dos, para no molestar al resto, hacia las Urgencias hospitalarias más próximas, ¡8 puntos de sutura le costó la «broma»! y tal dolor de cabeza que Juan desistió de su propósito y se limitó a acompañarla hasta la casa de Dorotea.

Mientras tanto, Adela luchaba desnuda a brazo partido con un inexperto Arturo, de 19 años, que no sólo no sabía «por dónde le daba el aire», sino que le propinó un doloroso mordisco en un pezón e instintivamente ella le dio un empujón que lo envió al suelo dando por terminada la «sesión». El pobre Arturo se fue apesadumbrado con «el rabo entre las piernas», nunca mejor dicho y preguntándole si podía llamarla para quedar otro día. Creo que Adela lo mandó literalmente a «tomar viento», por decirlo ahora finamente.

Y supongo que os preguntaréis… ¿Y a ti cómo te fue? Pues os cuento…Yo estaba con Luis, que tenía 30 años y más experiencia, por lo que salí ganado con los preliminares y su exquisita sensualidad hacía que yo me sintiese en la gloria, pero con tanta emoción, tanta posturita y tanto darle a la lengua, se ve que se me revolvieron los cubatas tomados en ayunas y le vomité  encima, sin darme tiempo a llegar al baño, por lo que sólo nos limitamos a asearnos, recomponernos lo mejor posible y dejarlo para otro día, (que nunca llegó).

Cuando nos reunimos las tres, en el comedor, nos vimos doloridas, demacradas, avergonzadas y lo que es peor… ¡Todavía vírgenes!

¡Vaya trío! ¿Y para eso nos habíamos depilado, hidratado, peinado, maquillado, puesto carísimos modelos de lencería…? Eso sí, aprendimos mucho en cuanto a lo que se debe evitar, y poco tiempo después conseguimos satisfactoriamente nuestro objetivo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ménades Editorial te informa de que los datos de carácter personal que nos proporciones rellenando el presente formulario serán tratados por Ménades Editorial, S.L. como responsable de esta web. La finalidad de la recogida y tratamiento de los datos personales que te solicitamos (nombre y correo electrónico) es únicamente gestionar los comentarios que realices en este blog y jamás serán compartidos con terceros (salvo requerimiento legal). Legitimación: Al marcar la casilla de aceptación estás dando tu legítimo consentimiento para que tus datos sean tratados conforme a las finalidades de este formulario descritas en la política de privacidad. Como usuario e interesado te informamos de que los datos que nos facilitas estarán ubicados en los servidores de Factoría Digital (proveedor de hosting de Ménades Editorial) dentro de la UE. Ver política de privacidad de Factoría Digital. Podrás ejercer tus derechos de acceso, rectificación, limitación y suprimir los datos en editorialmenades@gmail.com, así como el derecho a presentar una reclamación ante una autoridad de control.